Que morram os réus!

Por Roberto Quesada.

“ Honduras…Sus instituciones tratan de recuperarse del golpe de Estado del 2009. La policía está cometiendo asesinatos. Los grupos criminales están extorsionando y secuestrando  casi a voluntad. El Cuerpo de Paz se ha retirado del país, debido a preocupaciones por la delincuencia…”–The New York Times (15/02/2012), sobre siniestro en Granja Penal en Comayagua.
Sí, el título del presente es una parodia de una canción populacha, “Que se mueran los feos”, para estar a tono con la realidad del país, Honduras, en donde en la actualidad, los temas serios, como la incontenible corrupción de funcionarios gubernamentales, se mezclan con futbol  y parece un  juego interminable en donde al Ejecutivo le meten goles que se traducen en millones de lempiras en fraudes, trafico de arroz, gasolinazos, aeropuertazos y todo lo relacionado con robarle al pueblo hondureño ‘su erario público’, como respuesta el Ejecutivo amenaza no solo con empatar el partido sino ganarlo, algún día, con tremenda paliza que estremecerá los corazones de la afición.
En este contexto, cuando el partido está a medio tiempo, a dos años de finalizar, la tragedia continúa sacudiendo al pueblo hondureño. Nos encontrábamos como de costumbre, escuchando el noticiero de la medianoche de Radio Globo, con el periodista Julio Ernesto Alvarado, programa  que no solamente es noticioso sino de temas variados, orientador, y con amplia participación del público: una especia de Club de desvelados, que, sin duda somos miles entre nuestros compatriotas en el país y los que por razones diversas nos toca estar fuera de nuestra patria.
Julio Ernesto analizaba otra tragedia, la de un padre que al saber la noticia de su hijo, de 21 años (quien al parecer fue herido de bala), en el Hospital Escuela, se dio un balazo en la boca y cayó allí al lado de su hijo. En ese momento le escribía un correo al periodista pues bien valía combinar el análisis con el suicido del coronel de artillería René Javier Palao Torres, a quien varios ciudadanos señalan de haber sido quien fue al frente de la militarización de Radio Juticalpa durante lo álgido del golpe de Estado. Pues como se vea, son dos tragedias humanas, casi al mismo tiempo por diferentes circunstancias. Y, que sin duda, sirve como termómetro para medir la inestabilidad en que vive en la actualidad el pueblo hondureño.
Justo en ese momento, uno de tantos reporteros anónimos que tiene Radio Globo desde el golpe de Estado del 28 de junio del 2009, llamó, desesperado, a la radio, para anunciar la tragedia. Inmediatamente otra llamada confirmó el infierno que en ese momento se vivía en una prisión en Comayagua, a un par de horas de la capital Tegucigalpa. Así Julio Ernesto Alvarado de inmediato hizo contactos y se convierte en el primer periodista en informar sobre la tragedia a nivel nacional e internacional con el rebote inmediato que hicimos desde Nueva York.
A medida pasaban los minutos íbamos informándonos de la magnitud del siniestro y el alto costo de vidas humanas. Entre gritos, alaridos, disparos al aire, dos reporteros transmitían desde el lugar de los hechos. Dijeron que las ambulancias ya estaban allí para llevar los heridos más graves hasta Tegucigalpa, por carreteras de  dudosa calidad y con calles tegucigalpenses afamadas por los baches, mientras los reporteros aseguraban que a estos heridos se les desprendía la piel con el menor movimiento. ¿Pueden imaginarse a esta gente herida dentro de esas ambulancias vibrando como goleta en un mar picado?
¿Dónde estaban los helicópteros militares? ¿Dónde estaban los helicópteros de los políticos que usan para ir a engañar al pueblo en tiempos de elecciones? ¿Por qué hab?ía que llevarlos hasta Tegucigalpa si allí cerca está el hospital militar de Palmerola? Y este hospital, por su naturaleza militar, es especializado en personas víctimas de quemaduras. ¿Cómo se hace los arreglos para tener una base militar en nuestro territorio? ¿No hay ninguna cláusula favorable para que, en caso de emergencia, estas bases militares les tiendan una mano a sus anfitriones? ¿Cómo hacen estos pactos “nuestros” políticos hondureños o no les dan oportunidad de hacer propuesta sino solamente así de la nada entregan nuestro territorio nacional? ¿O es que las personas en prisión dejan de ser seres humanos?
Y no es de dudar que en un país como Honduras, en donde la justicia brilla por su ausencia, las leyes solo se aplican contra los proletarios o los enemigos políticos de los poderosos (como el caso del preso político Humberto Castillo, acusado sin pruebas desde el golpe de Estado por protestar en las calles), muchos de estos calcinados eran inocentes, o llevados allí por caerle mal al hacendado del pueblo o enemigo de un politiquillo local. También muchos de ellos sin sentencia a pesar de que ya habían pasado tanto tiempo guardados, y otros, que quizá habían cumplido su sentencia—por tanto vuelven a ser ciudadanos comunes—pero que, por negligencia, hasta la fecha no les había entregado sus cartas de libertad.
Según me escribe un lector: “Hace algunas semanas  se denunció  en Radio Uno, de San pedro Sula, la falta y necesidad de servicios (Cruz Roja, Bomberos) si se presentaba un caso de emergencia en Comayagua. Casualmente  a esta denuncia respondió un oyente así: ” NO hacen falta pues en Palmerola (base militar estadounidense)  hay varias unidades en caso de incendio”. No queda duda, para quienes la tenían, luego de estos sucesos, que nada de lo que haya en esa base pertenece a los hondureños/as. Aunque la culpa no es, como se llenan la boca algunos políticos, de “nuestros amigos y aliados” de los Estados Unidos sino del lacayismo hondureño, que no solo a los Estados Unidos sino a cualquier país le dice sí, como a las compañías mineras canadienses en nuestro suelo patrio, a cambio de nada para el pueblo, solo para el bolsillo de los pocos corruptos aunque estén condenando a todo un país a la pena de muerte.
Dentro de la impotencia e indignación que producen tragedias como estas, el líder comunitario de Honduras en Boston, Tito Meza, ha dicho: “Porfirio Loso Sosa debería de renunciar y asumir lo que dijo una vez el presidente Zelaya, que lo mejor era hacer un gobierno de  convergencia nacional, donde se elijan las personas competentes para gobernar mientras se llama a una Asamblea Constituyente. No se puede continuar con los que actualmente gobiernan, nos llevan rumbo al abismo”.

Nueva York NY 15 febrero 2012-02-15
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Imagem: ultimosegundo.ig.com.br

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