Violeta Parra (1917-1967)

Violeta foto

Por Adriana de Carvalho Alves. *

 Até que ponto podemos dizer que a música que toca no rádio, e que o povo brasileiro ouve é, de fato, a música que melhor o representa? Ou mesmo, qual é o eco que a MPB tem sobre as pessoas? A música que toca no rádio é nossa, ou é uma música empacotada pela indústria cultural?A cultura, enquanto mercadoria é, e tem sido há muito tempo, um componente da doutrina de imbecialização coletiva, que faz com que os povos não reconheçam nem valorizem sua própria produção cultural. Infelizmente (ou felizmente, quiçá…) esta não é uma realidade apenas do Brasil, mas do conjunto da América Latina.

Os aparelhos de rádio se viram, em um determinado momento, invadidos por uma onda de músicas estrangeiras que esmagaram a música genuina dos países que compõe o baixo-equador, ofuscando o brilho da cultura popular do Chile, Brasil, Bolívia, Paraguai, Argentina. Fenômeno que ainda hoje presenciamos.E foi neste contexto que surgiu o Movimento Nova Canção, que trataremos de discutir sua versão chilena, trazendo a tona uma de suas figuras mais ilustres: Violeta Parra.

Esta chilena nasceu no interior do país, em 1917, numa pequena cidade chamada San Carlos. Cresceu ouvindo músicas folclóricas nas festas religiosas e pagãs o que, mais adiante, serviu de incentivo à formação de um pequeno grupo com seus irmãos. A dificuldade financeira fez com que os irmãos Parra se apresentassem por diversas regiões ajudando, com os pequenos cachês, a complementar a renda da extensa família. Em 1932, incentivada pelo irmão Nicanor, Violeta vai para Santiago, em busca de emprego.Esta foi uma fase muito difícil, que Violeta cantou nos seguintes versos:

Violeta Parra“Ayer buscando trabajo llamé a uma puerta de fierro, como se fuera un perro, me miran de arriba abajo com promessas de destajo me han hecho volver cien veces como si gusto les diese em verme solicitar: muy caro me han de pagar, el pan que me pertenence. No demando caridad, ni menos pido un favor pido com mucho rigor mi derecho de trabajar” .

A artista mantém-se financeiramente através de apresentações na noite, em dupla com sua irmã Hilda. Em 1938, casa-se com Luis Cereceda, que a conheceu numa apresentação. Sua primeira filha Isabel nasce, e a situação financeira do casal se agrava, a família se muda para Valparaiso, cidade portuária que inspira ainda mais Violeta. Ela canta para os marinheiros, em sombrios bares nos arredores do porto. Em Valparaiso nasce Angel, seu segundo filho. Grava seu primeiro disco em 1942, em parceria com sua irmã. Ganhou o primeiro prêmio do concurso de canto organizado no Teatro Baquedano, usando o pseudônimo de “Violeta de Mayo”.

O brilho de Violeta começa a incomodar o marido, o que, em 1948, determina a separação do casal. Violeta assim descreve o acontecimento: “… estoy separada de él. No apreciaba mi trabajo y no hacia nada cuando estaba com él. Queria uma mujer que le limpiara y le cocinara”.

O trabalho de compilação das canções do povo começa quando, em contato direto com angustias de seu público, os pobres, a artista assume a tarefa de retratar a cultura chilena em seus versos. Sua mãe, Clarisa, contribui apresentando canções que ouvia quando criança e que entretanto, não estavam registradas. Observando a possibilidade, Violeta parte para os mais afastados rincões, com um gravador, recolhendo canções dos mais velhos. Outros pesquisadores se dedicavam a essa tarefa, mas Violeta tinha um diferencial, o de partilhar a mesma linguagem com povo, os depositários da cultura popular. A esse respeito, ela diz “… encuentro folklore en todas partes…hasta em la plaza de armas. Los ancianos me orientan; donde veo uma cabeza blanca me siento y empiezo a preguntar”.

Violeta Parra discoO resgate da música de raíz proporcionaou à artista um movimento muito interessante: ao resgatar e valorizar estas canções, Violeta se sentiu preparada para intervir no contexto que a incomodava. Gravou diversas canções de autoria própria que, além de retratar a dura realidade social de seu país, traziam em suas raízes a música campesina. A obra de Violeta teve eco porque a sua base tinha a ver com a identidade e as dificuldades que o povo chileno enfrentava não sendo, por este motivo, uma canção alienígena. Inovadora, Violeta Parra relacionou-se com outros artistas que, assim como ela, utilizavam a canção popular como forma de manifestação política.Victor Jara foi um de seus parceiros, e o artista, bem mais jovem, reconheceu em seu trabalho, um referencial.

Seu trabalho não se restringiu apenas ao Chile. A artista viveu na Europa, levando a música campesina chilena ao velho mundo. Cantou em diversos países, como Polônia, União Soviética e França (país onde morou por um bom tempo). Além da música, Violeta se dedicou ao artesanato, produzindo cerâmicas e tapeçarias. Era uma exímia cozinheira, fazendo ela própria suas empanadas.

Violeta Parra nos deixou dia 5 de fevereiro de 1967. As contradições pessoais a sufocaram. Talvez o sentimento de impotência diante das mazelas sociais que acometiam o povo, talvez o malfadado relacionamento amoroso com o músico suíço Gilbert Favre… o fato é que Violeta não resistiu e deu cabo à própria vida, sendo encontrada caída sobre seu violão, com um revolver nas mão às seis da tarde.

O corpo se foi, contudo sua obra permanece viva e atual, sendo celebrada até os dias de hoje. Escute as músicas e conheça as letras de La Carta, na voz da própria Violeta, além deLa exiliada del sur, na interpretação de Intti-illimani e Por que los pobres no tienen eLo que más quiero, na voz de Isabel Parra.

Porque los pobres no tienen

Porque los pobres no tienen
adonde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que su hermano
en este mundo le quita.

¡Palomita!
¡Qué cosas tiene la vida,
ay zambita!

Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.

Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanzas,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza,
por eso las procesiones,
las velas, las alabanzas.

De tiempos inmemoriales
que se ha inventado el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y el pobre, que es inocente,
con su inocencia creyendo.

El cielo tiene las riendas,
la tierra y el capital,
y a los soldados del Papa
les llena bien el morral,
y al que trabaja le meten
la gloria como un bozal.

Para seguir la mentira,
lo llama su confesor,
le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliegos ni sindicatos,
que ofende su corazón.

La carta

Me mandaron una carta
por el correo temprano,
en esa carta me dicen
que cayó preso mi hermano,
y sin compasión, con grillos,
por la calle lo arrastraron, sí.

La carta dice el motivo
de haber prendido a Roberto
haber apoyado el paro
que ya se había resuelto.
Si acaso esto es un motivo
presa voy también, sargento, si.

Yo que me encuentro tan lejos
esperando una noticia,
me viene a decir la carta
que en mi patria no hay justicia,
los hambrientos piden pan,
plomo les da la milicia, sí.

De esta manera pomposa
quieren conservar su asiento
los de abanico y de frac,
sin tener merecimiento,
van y vienen de la iglesia
y olvidan los mandamientos, sí.

Habrase visto insolencia,
barbarie y alevosía,
de presentar el trabuco
y matar a sangre fría
a quien defensa no tiene
con las dos manos vacías, si.

La carta que he recibido
me pide contestación,
yo pido que se propale
por toda la población,
que el «león» es un sanguinario
en toda generación, sí.

Por suerte tengo guitarra
para llorar mi dolor,
también tengo nueve hermanos
fuera del que se engrilló,
los nueve son comunistas
con el favor de mi Dios, sí.

El exiliado del sur
(o La exiliada del sur)Un ojo dejé en Los Lagos
por un descuido casual,
el otro quedó en Parral
en un boliche de tragos;
recuerdo que mucho estrago
de niño vio el alma mía,*
miserias y alevosías
anudan mis pensamientos,
entre las aguas y el viento
me pierdo en la lejanía.

Mi brazo derecho en Buin
quedó, señores oyentes,
el otro en San Vicente
quedó, no sé con qué fin;
mi pecho en Curacautín
lo veo en un jardincillo,
mis manos en Maitencillo
saludan en Pelequén,
mi blusa en Perquilauquén**
recoge unos pececillos.

Se m’enredó en San Rosendo
un pie el cruzar una esquina,
el otro en la Quiriquina
se me hunde mares adentro,
mi corazón descontento
latió con pena en Temuco
y me ha llorado en Calbuco,
de frío por una escarcha,
voy y enderezo mi marcha
a la cuesta ’e Chacabuco.

Mis nervios dejo en Granero,
la sangr’en San Sebastián,
y en la ciudad de Chillán
la calma me bajó a cero,
mi riñonada en Cabrero
destruye una caminata
y en una calle de Itata
se me rompió el estrumento,
y endilgo pa’ Nacimiento
una mañana de plata.

Desembarcando en Riñihue
se vio a la Violeta Parra,
sin cuerdas en la guitarra,
sin hojas en el colihue;
una banda de chirigües
le vino a dar un concierto;
con su hermanito Roberto
y Cochepe forman un trío
que cant’al orilla del río
y en el vaivén de los puertos.

En la versión de Violeta Parra publicada en 1970:

* de niña vio el alma mía
** mi falda en Perquilauquén

Lo que más quiero

Lo hombre que yo más quiero
en la sangre tiene hiel,
me deja sin su plumaje
sabiendo que va a llover,
sabiendo que va a llover.

El árbol que yo más quiero
tiene dura la razón,
me priva su fina sombra
bajo los rayos del sol,
bajo los rayos del sol.

El río que yo más quiero
no se quiere detener,
con el ruido de sus aguas
no escucha que tengo sed,
no escucha que tengo sed.

El cielo que yo más quiero
se ha comenzado a nublar,
mis ojos de nada sirven,
los mata la oscuridad,
los mata la oscuridad.

Sin abrigo, sin la sombra,
sin el agua, sin la luz,
sólo falta que un cuchillo
me prive de la salud,
me prive de la salud.

* Este artigo é baseado em matéria publicado no jornal “Voz Ativa” (nº 2, setembro de 2006).

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