Uma história argentina

Publicado em: 13/11/2010 às 12:14
Uma história argentina


Por Julio Rudman.

A Roberto Castillo lo desaparecieron el 12 de enero de 1977. Su esposa estaba embarazada. Vivían en el Barrio Sakura, de Burzaco, en el conurbano bonaerense. Pese al nombre del barrio ésta no es una historia japonesa. Tal vez sea la historia bisagra de una Argentina que muere y otra que bosteza, parafraseando a Antonio Machado.

Cuatro meses después del secuestro de Roberto, el 12 de mayo, nace Gastón.

Sakura es una barriada de 900 personas que tiene el triste record de 45 desaparecidos, entre ellos, Susana Sapic, la maestra de la escuela de la zona. Casas humildes, barriada obrera, quizás eso explique los números.

Gastón es el séptimo hijo varón de la pareja. Como estrategia para intentar ubicar a su esposo, la madre de Gastón acepta pedir el cumplimiento de la ley 20.843, de 1973 que, inspirada en la leyenda del lobizón, manda que el Presidente apadrine al afortunado en cuestión. La ley lleva la firma de Perón pero, al momento de nacer el lobizoncito, el de facto es Videla. Pues entonces, Gastón resulta ahijado de uno de los seres más sanguinarios de la Argentina contemporánea. Pero Gastón no lo sabe sino doce años después, en 1989.

Un trabajo de los docentes y alumnos de la escuela, denominado “Jóvenes y Memoria” impulsó a Gastón a pedir ser despadrinizado, si se me admite el neologismo, para no tener que sobrellevar la mochila moral de un inmoral. Y aquí comienza la historia del país que bosteza, que despierta.

El abogado del pibe, hoy de 32 años de edad, solicita ante el Cardenal, Jorge Bergoglio, que se dé curso a la petición. Duro el Cardenal, remiso el jesuita, intenta dilatar el trámite y hasta le sugiere a la víctima que haga apostasía. Es decir, que deje de ser católico para así resolver el intríngulis sin que él tenga que poner la firma. O sea, hacer responsable al joven por la complicidad de la Iglesia. Un jesuita auténtico en acción.

Finalmente, abrumado por los argumentos del Dr. Horacio Jaureguiber, Bergoglio accede.

Para compensar tantos años de ignominia, Gastón pide que su nuevo y definitivo padrino sea Néstor Kirchner. La ceremonia se iba a producir al regreso de Kirchner de El Calafate, luego del Censo Nacional del pasado 27 de octubre. Ese día, a las 9 de la mañana, la historia dio un respingo mortal. Sin embargo, Néstor Kirchner es padrino post mortem de Gastón Castillo, por pedido expreso del ahijado. Y por trámite legal satisfactorio.

Gastón vive en el mismo barrio, sigue siendo católico, trabaja en una carnicería y, él si, se hartó de ser un espectador pasivo de un pasado que no quiso.

Símbolo o emblema, alegoría o metáfora, lo que usted disponga. Gastón y Néstor volvieron a bajar el cuadro.

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