Pepe Lobo na Nicarágua: “Eleições livres…”

Por Roberto Quesada.

“La añoranza es el camino previo a convertirse en estatua de sal.”–Enrique Múgica Herzog, político español

Ya tiempos no veía tan emocionado al presidente Pepe Lobo, no es para menos, ser el timonel de un barco despedazado como es la actual Honduras no ha de ser cosa fácil, como cuando habló en la asunción, por tercera vez aunque duela a algunos, a la presidencia de la Republica de Nicaragua, del legendario comandante Daniel Ortega Saavedra.
Puede uno pensar que el subconsciente superó al Pepe presidente, y ser testigo presencial de aquellos sueños de juventud materializados aunque sea en el vecino, no deja de ser emocionante, de un país para sus connacionales, en este caso de Nicaragua para los nicaragüenses, quizá por eso no pudo esconder ni hacer eso que tanto le gusta –y en lo que cada vez se vuelve más experto– el arte de la ambigüedad, y por ello se le escuchó con la firmeza que pocas veces manifiesta, ese saludo al presidente Ortega y a esas incuestionables elecciones libres. Entonces aquí cabe lo que me dijo un disgustado lector: “Usted ya deje de justificar a Pepe, que no es sino que se hace…”
Y no es que porque lo diga Lobo que sabemos que las elecciones en Nicaragua no solo fueron libres sino masivas, el triunfo del sandinismo fue tan contundente que las conspiraciones de la oposición se asfixiaron en su propio cordón umbilical y fue ratificado por la gran cantidad de observadores internacionales, si no que esto demuestra que Pepe es consciente de la diferencia entre unas elecciones libres y unas surgidas de las entrañas de un golpe de Estado. Esto lo obliga a preocuparse y procurarse las próximas elecciones en Honduras verdaderamente libres, transparentes… No puede discutir desconocimiento ni refugiarse en que sus subordinados y asesores le han engañado.
Ortega le recordó a Lobo su paso por la Escuela de Cuadros en la Unión Soviética. Sí, en aquella bella Moscú que ahora vemos con nostalgia. En las caminatas por los jardines centrales de la Avenida Lenin, pasando por el monumento del primer cosmonauta Yuri Gagarin, cerca del Hotel Spunik, hasta desembocar en la Plaza Roja, quedándonos como tercermundistas boquiabiertos al ascender desde el subterráneo y toparnos con esa impresionante obra de arte de la arquitectura que se llama Catedral de San Basilio, mientras  a un costado te da la bienvenida el río Moscova. Sí, seguro que da nostalgia.
Unos meses antes del golpe, Picho (Gilberto) Goldstein y su esposa me invitaron a su casa, en donde dieron una cena en mi honor (por supuesto, centrado esto en mi obra literaria), y conversamos de temas variados. Por cierto, Picho llamó a Jacobo, su hermano, para que nos saludáramos, cosa que hicimos con mucho agrado (después vino el golpe, hablamos un par de veces con Jacobo, él estaba en que era “sucesión presidencial”, yo en que era un “condenable golpe de Estado”, ahora que ya lo dijo New York Times, LA Times, y tantos medios y congresistas estadounidenses más, es seguro que Jacobo no puede negarlo, porque él ejerció y terminó de formarse en el periodismo estadounidense, sigo esperando esa llamada que prometió hacerme cuando yo tuviera que darle la razón o él a mi…), pero terminemos este párrafo para contarles en el siguiente lo de la cena donde Picho.
Pues entre tantos temas, Picho me dijo: “Hoy te estamos haciendo un homenaje a vos, mañana se lo hacemos a Pepe Lobo, ¿lo conocés?”. Andaba Pepe en plena campaña: “No mucho, una vez lo saludé pero muy brevemente”. Aprovechando la circunstancia le pregunte: “Oíme, aquí entre nos, ¿es cierto que Pepe estudió en la Unión Soviética?”. Fue brinco que pegó Picho: “No, no, eso es falso, esos son los enemigos que lo han inventado, los opositores…” y me dio exagerada explicación. Digo exagerada porque para mi eso es de lo más normal, el ser humano debe de tener derecho de viajar y estudiar donde pueda y se lo permitan los recursos o las becas. Eso me dejó pensativo, ¿cómo era posible que todavía en Honduras se tuviera esa satanización de la ex Unión Soviética (porque ya no hay Unión Soviética, para los que aun no se han dado cuenta, ni comunismo tampoco)?
Todo esto ya pasó. Los procesos revolucionarios lo son porque evolucionan, en otro caso no lo serían. Ya no puede criticarse a Nicaragua de satélite de la Unión Soviética, y quien diga que entonces es de Venezuela, pues causa risa, Venezuela es un país tercermundista en vía revolucionaria, lejísimo de ser el “monstruo amenazante” de superpotencia que fue la Unión Soviética. La dinámica ahora es otra: lo que se demanda es que los gobiernos no sean satélites de otros gobiernos sino satélites de sus pueblos, que giren en torno a él. Y este es el éxito de Daniel Ortega, que ha sabido cabalgar a la par de la historia, que no es otra que velar por los intereses de esa gran mayoría llamada pueblo.
Fue a principios de los 80 cuando conocí al comandante Ortega, en Managua, en un aniversario del FSLN. Había gente de todas partes del mundo, una multitud vibrante celebraba, me acerqué al cerco guerrillero que protegía a los comandantes, lo vi y le dije “Daniel, Daniel…!” El me miró con curiosidad, le pidió a sus guardianes que me dejaran pasar, me acerqué, yo era un muchacho flaquito (otra nostalgia!). Le dije, eufórico: “soy escritor y pronto va a salir mi primer libro de cuentos, pero ya he publicado dos en Diario Tiempo”, y agregué que quería pedirle un favor. “Claro”, respondió. Y entonces le pregunté si podía tocarle el lunar, que entonces tenía más marcado, cerca del bigote, rio a carcajadas, a mandíbula batiente, y casi sin poder controlarse me expuso su lunar. Lo toqué mientras él continuaba riendo y luego me presentó a Ernesto Cardenal y a Sergio Ramírez. Allí me di cuenta, de que hoy como ayer, los comandantes eran de carne y hueso, eso sí, algunos con espíritu de acero.
Hace tiempos se disolvió la Unión Soviética, cayó el Muro de Berlín, se permiten camisetas, gorras y toda parafernalia mercantil con la imagen del Ché, en todas partes se leen las reflexiones de Fidel (hasta en Miami), en la mayoría de países del mundo se puede hablar del comunismo sin que esto cause siquiera un sobresalto, pero lo que no ha cambiado, se le llame como se le quiera llamar, es que aun hay soñadores, que cada vez son más, luchando por un mundo más justo, porque la minoría de avaros no atesore la mayoría de tesoros del mundo dejando sin comida, sin salud y sin techo a la gran mayoría. De allí la revolución sandinista, la bolivariana, la indigenista, los indignados en Europa y los Estados Unidos, todos con una propuesta sencilla: todos vivimos en la tierra porque todos nacimos en la tierra por tanto lo que produce la tierra debe de ser para todos, el país es de todos (y todas, como se dice ahora) y no de la decena que lo tiene secuestrado.
Es probable que todo esto le haya dado un refrescarse de memoria y de conciencia a Pepe Lobo, quizá ha de haber pensado en el hijo del diplomático de apenas seis años que su gobierno dejó, como a El coronel no tiene quien le escriba, a la deriva, violándole sus derechos laborales, en el exterior por su condición de antigolpista, expuesto al cruel invierno (por supuesto, sin restarle su cuota de responsabilidad al embajador saliente, Jorge Arturo Reina, así como la señora que lo sustituyó); ha de pensar en los miles de maestros que pasaron navidades sin su pago que por derecho les pertenece; ha de sufrir pensando en sus correligionarios que derrochan en propaganda política millones y millones pertenecientes al pueblo mientras ese Juan Pueblo se acuesta y se levanta con el estómago vacío. Pobre Pepe, si bien es cierto este viaje a Nicaragua lo ha emocionado, también es cierto que lo ha de haber hecho sufrir, ha de haberle quedado un sabor amargo como cuando uno intenta afeitarse frente a un espejo que atrae el vapor: uno quiere verse pero es inútil el esfuerzo… predomina el fantasma escondido tras el manto blanquecino de una falsa niebla.

Nueva York NY 11 enero 2012.
[email protected]

Imagem tomada de: centinelaeconomico.com

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