Óvos de Páscoa, quebrados

Por Julio Rudman.

Quizás usted piense que el asunto no me incumbe y que lo hago de puro provocador que soy. Respecto de esto último, tiene razón. Parece que la cuestión debiera resolverse al interior de la Iglesia Católica y como no soy creyente, se podría pensar que me estoy metiendo donde no debo. Pero sí me incumbe, porque sobre este pedazo de cosmos que llamamos Tierra no viven únicamente hombres. Felizmente, las mujeres, nuestras compañeras, son más que los varones, parece. Entonces, me incumbe nomás. Además, porque a mucha honra, soy Mujer Honoraria desde 2004, distinción que me fue otorgada por la agrupación “Las Juanas y las Otras”.

Explico. El obispo de Oberá, provincia de Misiones, Argentina, se despachó con un exabrupto de grueso calibre. Dijo que “los que están a favor del aborto son genocidas”. Que somos, porque me doy por aludido. Se llama Damián Santiago Bitar, nació en Arroyo Claro, Córdoba, el 12 de febrero de 1963 y es obispo de Oberá desde el 26 de octubre de 2010, por voluntad y elección de Ratzinger, el pastor alemán. El tipo remató su sentencia pidiendo que nos “echen de la Patria”. Una delicia. Pero, por supuesto, miente.

Nosotras y nosotros pretendemos que haya educación sexual para decidir, anticonceptivos para NO ABORTAR y aborto legal para no morir. Claro que los prejurásicos de siempre prefieren que sean los dinosaurios asotanados quienes marquen el ritmo de la demografía universal.

Usted ya sabe que el término “genocida” tiene connotaciones especiales para nuestra historia reciente. Por las dudas, le recuerdo que uno de ellos, con sentencia firme a prisión perpetua, se llama Christian von Wernich, sacerdote que, salvo que alguien me demuestre lo contrario, sigue siendo miembro de la secta. Al respecto, no me cansaré de recomendar “Maldito tú eres. El caso von Wernich”, investigación del periodista Hernán Brienza, publicado por Editorial Marea y que sirviera como material en el proceso que terminó condenando al cura.

Dejemos al turbio de Arroyo Claro y vayamos a su jefe. Acaba de llegar de Cuba y como para sacarse de encima el perfume a dignidad del comunismo caribeño, el Pontífice se desperezó e hizo gala, una vez más, de la misoginia que lo infecta. Presionado por un grupo de católicos progresistas europeos, don Benedicto se despachó con la siguiente declaración: “La Iglesia no recibió autoridad del Señor para ordenar mujeres”. Y así les va. Para los que esperan el llamado, las mujeres deben seguir lavando y planchando, cambiando pañales, pariendo hijos aunque sean producto de una violación, regando las macetas y esperando al macho con la comida calentita (y ella también, por si al señor de la casa se le ocurre folgar).

Si es verdad que Dios es argentino y si es verdad que “entre estos tipos y yo hay algo Personal”, me queda Claro que el Señor no tiene un celular Movistar y, tal vez por eso, no llegó la autorización. Es que la empresa de telefonía celular dejó sin servicio durante varias horas a más de 16 millones de usuarios y, como compensación, les dio mensajes de textos gratis durante el feriado pascual (¿Qué tal, Pascual?).

Aunque no hace falta irse muy lejos. Aquí nomás, en estos arenales huárpidos, el legislador mendocino Guillermo Amstutz propone confundirnos. Le pide al gobernador Pérez que llame a consulta popular para que el pueblo decida si se acepta o no el reciente fallo de la Corte Suprema respecto de la interpretación del artículo 86, inciso 2, del Código Penal, que tipifica el aborto no punible. No hay nada que consultar. Simplemente, se trata de acatar y aplicar lo dispuesto por el más alto tribunal de justicia del país. Me pregunto y te pregunto, lectora de curvas milagrosas, ¿impedir el aborto a una mujer violada no es violarla otra vez y premiar al violador?

Lo que pretende el ex intendente de Las Heras es mezclar tomates con dulce de leche. Ambos se comen, pero no son el mismo alimento. El dulce de leche sería el proyecto de ley de despenalización del aborto que, auspiciado por un grupo importante de legisladores de distintas bancadas (¡hasta una mina del PRO firmó!), está siendo discutido en el Congreso.

La metáfora gastronómica viene a cuento porque, en ambos casos, se trata de aborto, pero confundirlos es de mala leche.

Bicho raro este Amstutz. Era peronista e iluminado por el oráculo de los despistes ¡se hizo cobista!, justo ahora que el ingeniero no positivo vio derrumbarse su edificio político.

Una perlita de remate. En Los Andes de hoy, domingo de Ramos, 8 de abril, dice monseñor José María Arancibia, el obispo de Mendoza, que “La Verdad se impone por sí misma”. La mayúscula le pertenece, yo no. Y, para que quede clarísimo, agrega que “la prepotencia, en cambio, es el poder de la mentira, del error y de la confusión, el poder del odio, del rencor y del deseo de venganza…” Las minúsculas también le pertenecen, yo no.

Parece estar comentando los exabruptos de su colega de Misiones, de su jefe global y su diputadito local, mire vea.

Tenía tres huevos de Pascua para mis nietos. Me los rompieron.

DEIXE UMA RESPOSTA

Please enter your comment!
Please enter your name here