Os vovozinhos de Videla

Publicado em: 17/10/2010 às 19:21
Os vovozinhos de Videla

Por Julio Rudman

A Jorge Barandica, Graciela Firpo,

Roberto Potaschner y Edith Zorrilla,

compañeros inmejorables.

A Celia, la más.

“Dicen que viajando se fortalece el corazón”

Lito Nebbia

Llegaron en 1610 y los rajaron en 1811. Casi doscientos años impartiendo injusticias. Estuve en la Casa de la Inquisición, en Cartagena de Indias. Además de la sucursal colombiana, la globalización evangelizadora tuvo sedes también en Lima y México. La emplazada frente a la plaza Bolívar tiene aspectos dignos de destacar. En primer lugar, paradojas que le dicen, es un edificio de época colindante con el Museo del Oro de los zenúes, habitantes originarios, prolijamente diezmados por los navegantes enviados por los muy católicos Isabel y Fernando. Como había que pagar los créditos a los banqueros alemanes y genoveses, los intrépidos en sus máquinas acuáticas se dedicaron a recoger toda la maravillosa industria aurífera de los zenúes. Especialmente las joyas e indumentarias que acompañaban a los muertos en su viaje final. Bah, lo conocido.

El tour por la mansión del Santo Oficio comienza en la báscula. Si la mujer, especialmente las mujeres-brujas fueron sometidas, si la mujer decía, pesaba menos de sesenta kilos se suponía que podía volar. Y si podía volar, era bruja.

La tecnología de esos tiempos aportó herramientas muy significativas. Destrozapezones, trituradores de genitales, hierros candentes, el garrote vil, el popular cepo y otras genialidades de lo siniestro, contribuyeron a convertir a nuestros salvajes en hijos del Señor. Claro que, mientras tanto, deliberaban en centros académicos y teológicos acerca de si estos seres tenían alma o eran cosas. Hasta que llegó don Bartolomé Las Casas y puso las cosas en su lugar: sí tenían alma y, por lo tanto, había que reclutarlos para la causa y en su reemplazo propuso traer negros de África, que esos no tenían alma y, además, no eran mano de obra barata. Eran mercadería y por lo tanto se podían comprar y vender. Bah, lo conocido.

Parafraseando el himno sarmientino, los tipos vinieron con la espada, con la hostia y las matanzas. Bah, lo conocido.

Tuvieron y tienen aún descendencia. Claro que, como pasó hace tanto tiempo, a Jorge Lanata le debe dar un ataque de hartazgo, aunque Lugones, Camps, Roca, Martínez de Hoz, Pereyra Iraola, Menéndez Behety estén más cerca en nuestra historia.

Un detalle, apenas un detalle. En casi doscientos años nunca, pero nunca nunca, ni una sola vez, la sentencia fue: “inocente”.

Escenas del capitalismo naciente.

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