O Museu arqueológico de Salta

Publicado em: 19/09/2011 às 10:14
O Museu arqueológico de Salta

 (Trecho do livro “Viagem ao Umbigo do Mundo, publicado em 2006)

Por Urda Klueger.

Português/Espanhol

Como no dia seguinte não haveria o Trem das Nuvens, decidiu-se viajar ao meio-dia, ao invés do dia de parada que estava programado. Assim, havia uma manhã inteira para tentar conhecer Salta, embora num instante eu me convencesse de que seria necessário ao menos uma quinzena para se aprender mais sobre aquela cidade maravilhosa!

                                   Assim que soube daquela folga, joguei-me para a rua, a tentar descobrir se havia um  Museu de Arqueologia ou algo assim. A cidade era realmente magnífica, com uma catedral toda de mármore cor-de-rosa, uma Praça de Armas fascinante, uma arquitetura colonial conservada que era talvez a mais bonita que eu já vira nos países hispânicos – penso que junto a este texto serão publicadas fotos de Salta para que tenham um vislumbre do que tento falar. Num instante, eu chegava ao antigo Cabildo [1][1], onde se situava exatamente o … Museu Histórico, com seções e seções dedicadas à longuíssima História pré-colonial local, e meu queixo foi caindo e meu coração se apaixonando cada vez mais a cada passo que eu dava dentro daquele museu!

                                   Vou tentar resumir o que ali estava exposto, isto é, um pouco da História da antiga Sagta.

                                   Desde o início da sua povoação, diversos povos dominaram a região, até os de língua Aimara, antes dos Incas. No museu onde ora estava era possível ver-se dezenas, centenas dos mais variados objetos e utensílios de toda essa gente que habitou a minha América antes que o europeu cá chegasse com a cruz numa mão e uma espada na outra, a matar e destruir em nome da religião. Havia os objetos de pedra, de cerâmica, de metal, e tantas coisas que era de entontecer, além de cartazes explicativos e um vídeo que era possível se ver numa das salas. A partir de uma certa data, creio que por volta de 5.000 anos antes do presente, os antigos salteños passaram a dominar as técnicas de agricultura e a cultivar o milho e, consequentemente, a fazer o pão. Claro está que para fazer-se pão era necessário moer-se o milho para produzir-se farinha, e o método encontrado foi o de produzir-se farinha pilando o milho.

                                                                              Daí quero fazer um parêntesis para botar vocês a imaginar. Nessa área pré-Colonial do Museu Histórico de Salta[2][2] há diversas pedras que serviram para pilar milho no passado. São pedras enormes, do tamanho, digamos, de kombis, que talvez possuíssem alguma pequena reentrância, já lá no passado, onde uma primeira pessoa um dia pusera um punhado de milho e batera nele até transformá-lo em farinha. Digamos que naquele ano, ou naquela década, ou naquele século, sempre de novo alguém pilava milho naquele mesmo lugar, o que foi abrindo um buraco naquela pedra. Deve ter ficado cada vez mais fácil ir pilando o milho naquele lugar previamente preparado, e sempre deveria haver alguém lá trabalhando. É de se supor que outras pessoas gostassem de ficar ali, pilando milho e conversando com a primeira , pois a tal pedra do tamanho de uma kombi começou a ficar toda esburacada de buracos de pilão. E lá estão tais pedras hoje, perfuradas como um queijo, algumas com seus buracos-de-pilão usados por tanto tempo que furaram a pedra de fora a fora, abriram buracos até o outro lado da pedra, como se se tratasse de um pedaço de isopor, e não de uma dura rocha. (Não se esqueçam do tamanho-kombi). Então, agora vale a pergunta: quanto tempo é necessário ficar-se a pilar um cereal sobre uma rocha daquele tamanho, para perfurá-la de um lado até o outro? Um século? Um milênio? Diversos milênios? Eu não sei. Sei é que aquelas pedras enormes estão lá no Museu de Salta a atestar a pujança e o tempo da sua História, e eu tinha calafrios de prazer por estar ali, a olhar para elas.

El museo arqueológico de Salta

Por Urda Klueger.

(Trecho del libro “Viaje al ombligo del mundo”, publicado en 2006)

                        Como en el día siguiente no habría el Tren de las Nubes, se decidió viajar al mediodía, en vez del día de parada que estaba programado. Así, había una mañana entera para intentar conocer Salta, ¡aunque en un instante me convenciera de que sería necesaria al menos una quincena para aprenderse más sobre aquella ciudad maravillosa!

                        Así como supe de aquel descanso, me tiré para la calle, a intentar descubrir si había un Museo de Arqueología o algo así. La ciudad era realmente magnífica, con una catedral toda de mármol color rosa, una Plaza de Armas fascinante, una arquitectura colonial conservada que era tal vez la más bonita que ya había visto en los países hispanos – pienso que junto con este texto serán publicadas fotos de Salta que tengan un vislumbre de lo que intento contar. En un instante, llegaba al antiguo Cabildo, donde se situaba exactamente el… Museo Histórico, con secciones y secciones dedicadas a la larguísima Historia pre-colonial local, y ¡me fui quedando con la boca abierta y el corazón enamorado cada vez más a cada paso que daba dentro de aquel museo!

                        Voy a intentar resumir lo que allí estaba expuesto, esto es, un poco de Historia de la antigua Sagta.

                     Desde el inicio de su población, diversos pueblos dominaron la región, hasta los de la lengua Aimara, antes de los Incas. En el museo donde estaba era posible verse decenas, centenas de los más variados objetos y utensilios de toda esa gente que habitó mi América antes que el europeo llegara con cruz en una mano y la espada en la otra, a matar y destruir en nombre de la religión. Estaban los objetos de piedra, de cerámica, de metal, y tantas cosas que eran de entonces, además de carteles explicativos y un video que era posible ver en una de las salas. A partir de una cierta fecha, creo que alrededor de 5.000 años antes del presente, los antiguos salteños pasaron a dominar las técnicas de agricultura y a cultivar el maíz y, consecuentemente, a hacer el pan. Claro está que para hacerse el pan era necesario moler el maíz para producir la harina, y el método encontrado fue el de producir harina pilando el maíz.

                     De aquí quiero hacer un paréntesis para colocarlos a ustedes a imaginar. En esta área pre-colonial del Museo Histórico de Salta hay diversas piedras que sirvieron para pilar el maíz en el pasado. Son piedras enormes, del tamaño, digamos, de kombis, que tal vez tuvieran algún pequeño hueco, ya en el pasado, donde una primera persona un día pusiera un puñado de maíz y batiera en él hasta transformarlo en harina. Digamos que en aquel año, o en aquella década, o en aquel siglo, siempre de nuevo alguien pilaba maíz en aquel mismo lugar, lo que fue abriendo un agujero en aquella piedra. Debe haber quedado cada vez más fácil ir pilando el maíz en aquel lugar previamente preparado, y siempre debería haber alguien trabajando. Es de suponer que a otras personas les gustara quedarse allí, pilando el maíz y conversando con la primera, pues la tal piedra del tamaño de una kombi empezó a quedarse toda agujereada de agujeros de pilón. Y allí están tales piedras hoy, agujereadas como un queso, algunas con agujeros de pilón usados por tanto tiempo que agujerearon la piedra de lado a lado, abrieron agujeros hasta el otro lado de la piedra, como si se tratara de un pedazo de telgopor, y no de una dura roca. (No se olviden del tamaño-kombi). Entonces, ahora vale la pregunta: ¿Cuánto tiempo es necesario para pilarse un cereal sobre una roca de aquel tamaño, para agujerearla de un lado hasta el otro? ¿Un siglo? ¿Un milenio? ¿Diversos milenios? No sé. Sé que aquellas piedras enormes están allí en el Museo de Salta para atestiguar la pujanza y un tiempo de su Historia, y yo tenía escalofríos de placer por estar allí, a mirar para ellas.

Versión en español: Jole de Melo para Desacato.

 

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