Hipólito: fora de controle

Publicado em: 07/05/2011 às 19:34
Hipólito: fora de controle

Por Narciso Isa Conde.

Cierto que Hipólito, semanas antes, lucía muy comedido en sus pronunciamientos, fruto quizás de la atención y vigilancia esmerada de sus asesores en publicidad.

Pero eso duró poco, porque realmente él es como es: espontáneo, caótico, incoherente, gracioso y chapucero en materia de reflexiones; y esta vez, de nuevo, se le zafaron las “zapatillas” que le pusieron los sabihondos del “marketing” político. Todas se le zafaron de sopetón… y a correr se ha dicho.

Al tocar el tema de la corrupción y la impunidad cara a su “próximo gobierno”, habló de sanciones a sus colegas de la partidocracia tradicional sindicados como corruptos; refiriéndose solo a los del PLD, olvidándose de los malandrines de su gobierno, silenciando la responsabilidad de la cúpula de su partido en el latrocinio  y mencionando exclusivamente a su “corrupto no preferido” dentro del partido morado.

Cuando le preguntaron por Euclides Gutiérrez (envuelto recientemente en un escándalo mayor), fue ágil en aclarar: “a  Euclides no, ese es mi “enllave” y agregó a continuación: “a mi el que me gusta ese Félix Bautista, porque le encanta coger lo que no es de él”.

Nada dijo de su “perro de presa” Pepe Goico con su famosa “Pepe–Cart”. Pero tampoco de muchos otros de su grupo cívico-militar relacionados con el cártel Quirino, con los cárteles de la construcción pro-PRD, e involucrados en múltiples  delitos de Estado de su “era” y  de periodos anteriores, incluidos los cometidos por exgenerales realmente detestables.

 

Nada dijo de su Secretario de Obras Públicas, asociado a Diandino y a Marbella; ni de los responsables de la estafa del Plan Renove y otras similares.

Nadie duda de la responsabilidad de Félix Bautista en delitos de Estado de alto rango. Eso no está en discusión. Pero siendo veraz en toda la extensión del planteamiento, habría que decir que este “pichón de truhán político” es un instrumento de Leonel Fernández y uno de los más conspicuos representantes de la “Cueva de Alí Babá” morada bajo su docta conducción, donde habita él y muchos otros.

Sin embargo, Hipólito silenció lo de Leonel, revelándose de nuevo como unos de los grandes abanderados de la impunidad absoluta de los expresidentes de la república, en interés de lograr un apoyo recíproco para consolidar ese “status especial” auspiciado por la cúpula de la iglesia católica y la oligarquía inescrupulosa e impenitente de este país.

  • Garantías de impunidad para presidentes corruptos.

Actúa de sea manera, además, porque en el “play político” está latente la eventual maniobra leonelista de favorecerlo frente a Danilo, para erigir al neocaudillo de hojalata como el único dirigente peledeista capaz de derrotar al PRD y abonarle así el terreno para el 2016. Ya antes se aplicó esa receta contra el propio Danilo.

Hipólito tiene callos en la lengua y en otras partes del cuerpo en eso de brindarle impunidad a expresidentes vulnerables; esto es, protección descarada a potenciales “reos públicos

Así lo hizo frente a Balaguer y Jorge Blanco, incluso frente al propio Leonel después de su primer periodo de latrocinios.

Ni siquiera hay seriedad en sus palabras frente al “Gato Félix”, solo alharacas para hacerse el gracioso.

  • Ir al fondo del asunto: la esencia del poder dominante

Al candidato perredeista le critican que hable de sancionar a los responsables de la corruptela estatal porque eso es disque es función exclusiva de la Justicia. Y ese no es el meollo de su grave falta, porque ciertamente no estaría mal que un presidente se ocupe de que el ministerio público y  los cuerpos de investigación de su gobierno actúen para construir expedientes consistentes que lleven a la cárcel a funcionarios civiles y militares corruptos. Eso sería una bendición y es propio de de las funciones de esas dependencias estatales con acceso a los archivos del Palacio Nacional y de todas las instituciones.

La crítica, pues, debería ser más profunda y consistente.

Hipólito como Leonel, como Danilo… fungen de jefes de una partidocracia corrompida, subordinada a poderes fácticos gansterizados, conectados y/o asociados directa o indirectamente (desde su ejercicio político al frente de facciones de esos partidos) a específicas mafias civiles y militares-policiales (incluidas narco-mafias) y a una lumpen oligarquía y a un imperio que arbitran la relación entre los componentes de esas estructuras, sacrificando en contados casos algunos de ellos que se pasan de la raya y casi siempre protegiendo y salvando al conjunto.

El problema no es personal, aunque toca la ética y la moral individual de los personajes envueltos en esa trama. El problema es sistémico, de intereses de clase y capas dominante-gobernantes, de poder putrefacto, de amoralidad colectiva de las capas dirigentes dentro de un orden  capitalista, cleptocrático y neoliberal.

Es, en definitiva, una cuestión íntimamente relacionada con la existencia del poder hegemónico.

De un  poder que hay que derrotar desde calles y plazas, universidades y escuelas, centro de trabajo y producción,  mujeres y  jóvenes….desde el accionar de la pobrecía irredenta.

De un poder que solo se quiebra con conciencia y organización, con  movilización popular y desobediencia civil en grande, capaces de crear en los hechos contrapoder alternativo hacia una nueva hegemonía popular, cultural e intelectual. Y sino se quiebra, se recicla con más de lo mismo, a veces con otros rostros. Así de sencillo y de complejo.

Semana del 1 al 7 de mayo 2011, Santo Domingo.

 

 

 

 

 

 

 

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