Festa na Madrugada da Havana

Publicado em: 27/05/2010 às 20:40

Fiesta en la Madrugada Habanera

No bairro de San Agustín, em La lisa. Por Jorge Jorge González. Cuba

Son pasadas las tres de la madrugada del primero de abril del 2010 y en mi barrio,  el San Agustín, de La Lisa, se festeja a golpes de cacerolas, latas, gritos y tambores el resonante triunfo del equipo Industriales, en la 49 Serie Nacional de Béisbol, como si hubiese sido en  un campeonato mundial. Imagino que en todas partes de nuestra Capital se sucedan escenas similares a esta hora las que, seguramente mañana, se harán mayores cuando se reciban a los campeones.

No soy un  aficionado del béisbol, lo reconozco, pero mi hijo sí y lo he visto gritar de alegría ante cada uno de los triunfos de su equipo favorito y  sufrir los fracasos casi con lágrimas pero, esta noche, él y  muchos cientos de miles de capitalinos han desbordado su emoción contenidas por varios años de fracasos dando rienda suelta a su alegría contagiosa y humana, esa que olvida  hasta los dolores en los huesos para hacernos bailar en plena calle y tira a un lado la laringitis para cantar en un coro de muchedumbres enardecidas lo inimaginable de la imaginación popular.

He caminado varios kilómetros junto a niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres humildes de todas las extracciones sociales; he visto negros, mestizos, blancos, ingenieros , doctores, barrenderos, artistas, abrazándose y besándose sin apenas conocerse porque en este minuto los hermana la pasión, los une ese león azul que es la mascota y no piensan en cómo les irá el día mañana, ni pasado, ni los problemas cotidianos son tema de conversación, ni se habla de política, ni de otro tema que no sea el meramente deportivo; hoy todos están en los balcones congratulándose como si cada uno de ellos y ellas hubiesen contribuido al triunfo con un hit o un jonrón  , porque para el cubano no es importante ese detalle, es más, nadie nos entendería esa euforia  fuera del país cuando cada día, cada hora y cada minuto los “conocedores implacables de la realidad nuestra” plantean que este es un pueblo triste, aburrido, que está cansado de sufrir los horrores de una dictadura por cincuenta años, que odia al sistema  y a sus dirigentes históricos y cuanta estupidez han repetido hasta el cansancio, sin preguntar jamás a los que vivimos dentro, a las grandes mayorías que ellos  acuñan como descontentas, nuestras opiniones sinceras, simplemente porque no podrían publicarlas mañana .

¿Qué tenemos problemas internos? Los hay de todo tipo: políticos, económicos, sociales, raciales, culturales, de información y nos duele que sea así y mucho me gustaría que  algunas medidas pedidas por el pueblo desde hace rato pudieran implementarse más rápidamente, pero no creo con honestidad que nuestros detractores externos tengan las vestiduras tan limpias como para decirnos que es lo que más nos conviene en cada momento.

Esos mismos pobladores del barrio que hoy festejan  el triunfo de su equipo son también los que cada día sufren la falta de alimentos, de transporte, a los que muchas veces no alcanza el salario o la pensión para terminar el mes, algunos de ellos no tienen dificultades mayores porque reciben remesas del exterior o lucran con los bienes que el Estado pone a su disposición para servir al pueblo, pero su gran mayoría, cuando es necesario unirse para defender su Revolución ante los ataques verbales o reales del enemigo cierran filas y  allí están en la primera línea de combate porque conocen que las soluciones habrá que encontrarlas  internamente, entre todos, con ingenio más que con recursos y que a esos agoreros externos poco les interesa realmente su bienestar, ni su  libertad a la manera que ellos pregonan, salvo tratar de destruir el ejemplo que para otros pueblos representa este pequeño caimán verde.

¡Cómo les gustaría a muchos que los médicos cubanos o de otros países  graduados en la Isla no  hubiesen desplegado  la labor titánica que han hecho en Haití desde antes y después del terremoto!¿Cómo comparar ante el mundo los miles de soldados destacados ante cualquier lugar pobre, ante los miles de médicos, enfermeros, profesores culturales, deportivos y de  muchas más profesiones que nuestro país despliega  para curar enfermos, hacer felices a muchos, sin pensar en quedarse por tiempo indefinido en algún sitio o explotar para sí las  riquezas nacionales. Esa comparación les duele mucho y  les resultaría  inexplicable a los públicos a los que dirigen sus patrañas más oscuras y las diatribas más inverosímiles que puedan gestar sus cerebros maquiavélicos e infames?

Ahora mismo, a raíz de la muerte por huelga de hambre de Orlando Zapata, muchos por ahí se desgarran las vestiduras y atacan a la Revolución cubana sin piedad, en una campaña a todas luces bien engrasada para hacer el mayor daño posible a nuestro sistema en el exterior…porque internamente,  créanme, sólo recogerán las migajas de sus inventadas Damas de Blanco y de los pocos seguidores que bien financiados, andan queriendo demostrar que existe una oposición interna consolidada…prácticamente desconocida por los que vivimos en nuestro país, esos mismos que dentro de algunas semanas seguramente  votaremos de manera masiva y aplastante por los mejores candidatos a Delegados del Poder Popular, esas personas en quienes depositan su confianza secretamente y  que les son fieles a sus reclamos, durante los dos años y medio que duran sus mandatos, pero no, seguirán diciendo que en Cuba no existe la democracia y que hacen falta elecciones verdaderas como las que ellos manejan a su antojo, con fraudes, dinero y torceduras de brazos. ¡Qué si lo sabrán bien los cubanos que peinan canas!

Yo sigo festejando con mis vecinos el triunfo de Industriales sobre uno de sus eternos rivales en  la pelota –como llamamos acá al béisbol-, el equipo de Villa Clara, que también merece el aplauso y los elogios de las multitudes por su gran desempeño profesional en esta final porque esa alegría será acicate para emprender nuevas metas y nuevas cumbres en los deseos de cambiar todo lo que deba ser cambiado en  nuestra Revolución.

La Habana, 1 de abril del 2010, a las 4:46 AM

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