Fechar os caminhos do capitalismo e abrir passo ao novo socialismo

Publicado em: 20/09/2010 às 19:09
Fechar os caminhos do capitalismo e abrir passo ao novo socialismo

Por Narciso Isa Conde.

Introducción

Las transiciones de una formación económica-social a otra y los modelos económicos y sistemas políticos dentro de esas formaciones son muy variados.

La historia del capitalismo registra muchos modelos económicos y un gran número de sistemas políticos y formas institucionales, así como múltiples combinaciones de ellos por fases y periodos: capitalismo de libre competencia, capitalismo monopólico y oligopólico con predominio de la propiedad privada, capitalismo monopolista de Estado, capitalismo de Estado de desarrollo medio, capitalismo dependiente, modelo liberal, modelo neoliberal, democracia representativa liberal, fascismo, dictaduras militares, tiranías, democracias burguesas monárquicas, democracias restringidas, semi-dictaduras…

En términos históricos el socialismo todavía no ha traspasado la primera edad y sería absurdo pretender una evolución o desarrollo lineal del mismo; esto es, con un solo modelo de transición, con un sistema político único, con una institucionalidad uniforme e inalterable.

Los procesos antiimperialistas y anticapitalista de orientación socialista han sido y habrán de ser muy variados, con transiciones distintas, con combinaciones diferentes, con modelos diferentes, con distintos grados de democracia y formas de participación, con modelos institucionales, con evoluciones contradictorias y proyectos de mayor menor profundidad; sometidos permanentemente a la prueba del acierto y del error.

Cierto que la enorme gravitación de la URSS y del estatismo-burocrático en que lamentablemente derivó su inicialmente formidable proceso de transición al socialismo, más tarde influyó negativamente en los otros países que pudieron  salirse de la cadena capitalista, restando diversidad, imponiendo fórmulas, reduciendo la necesaria socialización y negando la democracia como poder del pueblo.

Cuba, aun en permanente  brega contra la dogmatización, no fue la excepción y progresivamente cedió hasta finalmente sucumbir a calco de no pocas de estructuras económicas,  formas institucionales y componentes del sistema político propios del modelo estatista euro-oriental.

Que ese modelo no funcione no es igual a que el socialismo no sirva

En estos días se difundió en gran escala que Fidel afirmó que el modelo económico cubano “ya no funciona”, pero posteriormente señaló que fue mal interpretado.

Entiendo que afirmar que “el modelo cubano ya no funciona” no equivale a decir que el socialismo no sirve, como mala intencionadamente se apresuraron a difundir enemigos de la revolución cubana y partidarios del capitalismo para sembrar confusión y fomentar el chantaje mediático.

En verdad no es preciso el desmentido de Fidel en relación con el modelo cubano tal y como fue plasmado en estos párrafos, aunque si está clara su negación del capitalismo:

“En otro momento de la conversación Goldberg cuenta: “le pregunté si él creía que el modelo cubano era algo que aún valía la pena exportar.”   Es evidente que esa pregunta llevaba implícita la teoría de que Cuba exportaba la Revolución. Le respondo “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros.” Se lo expresé sin amargura ni preocupación. Me divierto ahora al ver cómo él lo interpretó al pie de la letra, y consultó, por lo que dice, con Julia Sweig, analista del CFR que lo acompañó, y elaboró la teoría que expuso. Pero lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario de lo que ambos periodistas norteamericanos interpretaron sobre el modelo cubano.

“Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez más graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba.” (FIDEL CASTRO.-Mensaje en la presentación del libro “La contra-ofensiva Estratégica, La Habana 10-09-2010)

De todas maneras creo –independientemente de lo dicho y/o reformulado por el  respetado y admirado líder histórico de esa revolución y de lo que piensen los meritorios gobernantes cubanos- que el modelo estatista-burocrático que ha predominado desde hace algunas décadas en Cuba está agotado y necesita ser reemplazado preferiblemente por un socialismo participativo con democracia integral.

¿Por qué?

Porque eso es lo que puede evitar tanto lo acontecido en la URSS y Europa del Este como lo que está pasando en China.

Porque en las transiciones socialistas del siglo  XX predominó –repito- el modelo estadista-burocrático, mal llamado “socialismo real o “socialismo de Estado”, y su crisis  en Europa Oriental devino en restauración capitalista a lo Occidental y en China en un capitalismo de Estado “sui generis”.

Cambiar el modelo ratificando la vía socialista

El tema del estancamiento, la  crisis del estatismo y la necesidad del cambio de modelo en Cuba viene planteándose desde hace tiempo por no pocos militantes marxistas, socialistas, comunistas; sin que esto signifique renegar del socialismo, sino todo lo contrario. De mi parte lo he planteado desde hace décadas -y en muchas ocasiones- desde una óptica socialista-revolucionaria.

Ahora quiero transcribir aquí algunos párrafos del artículo que escribí a raíz de 50 aniversarios de la Revolución Cubana:

“La opción deseable desde el punto de vista revolucionario, la que resta por tratar, es la socialización progresiva de lo estatal, a través de la autogestión y cogestión de los trabajadores, a través de la cooperativización y/o colectivización de las pequeñas y medianas empresas productivas y de servicios, de la combinación de variadas formas de propiedad y gestión social, y de diversas formas de usufructo social de la propiedad pública y de la conversión progresiva de la economía de mercado en economía de equivalencia (en la que rija el valor de las mercancías y no sus precios)

“La opción deseable desde una óptica revolucionaria es avanzar hacia una autentica democracia socialista, separando las funciones del partido y del Estado, y de las organizaciones sociales y del Estado, dándole vida real al poder popular, a la participación, a los principios de revocabilidad, al control de ciudadanos sobre las instituciones, al liderazgo social y político separado o no de los cargos gubernamentales, al relevo generacional.

“Se trata de acelerar el tránsito hacia un socialismo autogestionario, participativo, rejuvenecido; hacia una democracia integral. Y Cuba cuenta con grandes reservas culturales y políticas para lograrlo, lo que por demás desarmaría políticamente la hipócrita campaña de sus adversarios a favor de la democracia.

“Se trata también de retomar desde la sociedad política y civil las líneas de solidaridad en favor de la nueva independencia y la revolución continental, separando con claridad la diplomacia estatal del internacionalismo revolucionario necesario, del antillanismo y el latino-americanismo consecuentes. Y esto ayudaría a acelerar y profundizar el proceso transformador que tiene lugar hoy en nuestra América, en dirección al tránsito hacia una democracia participativa y un nuevo socialismo. (CUBA, Cincuenta años de revolución: viejas herejías reclaman otras nuevas.-30 de diciembre 2008)

A esas ideas generales he agregado en otros trabajos la necesidad de asumir a mayor profundidad la erradicación de la cultura machista patriarcal, el adulto-centrismo (concepción que excluye, menosprecio y subordina las jóvenes generaciones), la homofobia y el racismo en todas sus expresiones; así como la necesidad de asumir el tema medioambiental en su real dimensión emancipadora y de crear un sistema de medios de comunicación generadores de democracia socialista. Todas metas inseparables de un auténtico proyecto socialista.

Es claro también que esos ejes de socialización pueden asumir diferentes modalidades, grados, velocidades, combinaciones y formas institucionales, dando lugar a modelos específicos en constante mutación.

Superar el retraso y descartar las opciones pro-capitalistas

Lamentablemente el estancamiento se prologó demasiado y solo ahora se hacen tibios intentos de reformas y readecuaciones, sin que éstas apunten hacia la socialización de lo estatal y la democratización a fondo de la sociedad cubana.

En Cuba no se ha agotado el socialismo, pero si la falta de socialismo en el camino hacia él, determinada por el hecho de que la expropiación del capital privado y transnacional y  el poder de decisión ha pasado manos de un súper Estado propietario ineficiente y burocratizado, y no al pueblo trabajador y de la sociedad organizada. Esto sin negar su destacado papel en materia de reducción de las desigualdades, salud pública, educación, deportes… aun dentro de significativas precariedades  y sin obviar que es mucho más fácil transitar de la estatización a la socialización que de la privatización al socialismo.

No se debe perder de vista que la vigencia prolongada de ese modelo ha dado lugar a la aguda crisis estructural del mismo, aprovechable por los enemigos abiertos y solapados del socialismo que aspiran a restaurar el capitalismo en cualquiera de sus variantes.

Por eso, junto a los planteamientos y esfuerzos en favor de la superación del modelo existente, es preciso disponerse a cerrarle el paso a todas las variantes de capitalismo, privado o de Estado, burdo o maquillado, “gusano” o “achinado”.

En medio de esa crisis del modelo los  hay que apuestan al  reemplazo del estatismo por un modelo capitalista a lo Occidental, dándole riendas sueltas a la privatización en todas las vertientes; y también hay quienes proponen reformas económicas pro-capitalistas al “estilo chino”: un modelo en que el estatismo modernizado se combine con las privatizaciones y la ampliación de las concesiones al capital transnacional.

Estas dos opciones –reitero- son sumamente negativas:

-La primera porque es entreguista, re-colonizadoras, drásticamente contra-revolucionaria y altamente traumática.

-La segunda porque aunque menos traumática, más nacional y desarrollista, es en fin de cuenta capitalista y, en consecuencia, promotora de la explotación, las desigualdades y las injusticias sociales

Las dos conducen en términos relativos -y con vulnerabilidades mayores en Cuba- a situaciones indeseables (aunque distintas en muchos aspectos), presentes hoy en Europa del Este y en China.

Socialismo o barbarie

Como dijimos muchas veces antes: esa disyuntiva no es fatal. Existe otra opción, una tercera opción, para superar el status quo en crisis.

Sí, hay otra vía que puede resumirse así: socializar lo estatal con autogestión y cooperativización, promover el cuentapropismo y la pequeña propiedad estimulando su asociación, incorporar nuevas formas de propiedad social y de gestión y co-gestión democráticas, impulsar la economía de equivalencias, la descentralización y democratización política hacia la democracia participativa, cultural y de género, hacia  el nuevo socialismo.

Puede resumirse así y desplegarse y desarrollarse con creatividad, con constante esfuerzos superador, con formas cambiantes, con intensidades y énfasis distintos.

Entre estas  tres opciones (enunciadas a grandes rasgos y sin descartar otras que surjan del ingenio y la creatividad socialista) es preciso escoger la mas conveniente para  la colectividad cubana con determinación y de mi parte no vacilo en favorecer el camino de la nueva democracia y el nuevo socialismo, con las particularidades y modulaciones de lugar.

Un camino que parte del análisis crítico-constructivo de las experiencias socialistas fallidas en el siglo XX y del negativo devenir de los procesos de restauración capitalista en Europa y en Asia, para revitalizar  el ideal socialista, recuperar su carácter popular-democrático expresado en el origen y en las fases iniciales de las revoluciones proletarias-campesinas y de liberación nacional del siglo pasado, subrayar los cambios  en el capitalismo y el imperialismo en su fase senil, asumir los aportes teóricos-prácticos registrados a lo largo de las últimas décadas y recrear una propuesta socialista a la altura del siglo XXI.

Asumo esta opción porque estoy convencido hoy es más cierto que nunca que: o creamos nuevo socialismo camino al comunismo, o no espera el caos, la destrucción y la barbarie.


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