Ética da Revolução cubana se vê no tratamento de prisioneiros

(Português/Español).

 Prensa Latina-. O tratamento respeitoso e humano aos prisioneiros evidencia a ética da Revolução cubana desde sua germinação nas montanhas da Sierra Maestra, consideraram aqui participantes nessa gesta.

Os combates no oriente da ilha contra a ditadura de Fulgencio Batista, nas areias de Praia Girón e as terras da África, onde cumpriram uma missão internacionalista milhares de cubanos são -segundo Antonio Llibre e José Hembel Tamayo- provas dessa postura invariável.

Em diálogo com a Prensa Latina, os outrora integrantes do Exército Rebelde recordaram seu passo pelas montanhas e por diferentes etapas posteriores ao triunfo da Revolução de 1 de janeiro de 1959.

Cheguei em março de 1958 à Sierra Maestra, desde então vi muitos prisioneiros, alguns deles responsáveis por atrocidades contra camponeses e população civil, comentou Llibre, um advogado próximo a cumprir 80 anos.

De acordo com o atual membro da União de Juristas de Cuba, especializado em temas de direito internacional, nunca observou ou escutou torturas, golpes ou maltratos aos detentos.

“As ordens de Fidel Castro eram claras: ninguém podia tocá-los e devíamos atender aos inimigos feridos durante os combates, tudo isso apesar de ser uma guerra e sofríamos a perda de colegas muito queridos”, recordou.

Para o jurista, essa conduta contrasta com a que sofreu em carne própria em sua época na luta clandestina nas planícies, pouco antes de subir à Sierra Maestra, onde terminou a guerra como ajudante de Fidel Castro.

Estive duas vezes detido, e fui selvagemente torturado e golpeado até perder a lucidez, inclusive na segunda ocasião de encarceramento salvei a vida por milagre, “porque para um dos oficiais me parecia demasiado com seu único filho”, precisou.

Llibre participou na etapa da luta rebelde na entrega de prisioneiros à Cruz Vermelha, ações das quais guarda memória gráfica.

Entregávamos os oficiais e guardas sem um arranhão, a não ser que resultassem feridos nos combates, e nesses casos devolvíamo-los com toda a atenção médica a nosso alcance; inclusive, aos oficiais deixávamos-lhes sua arma de regulamento durante o cativeiro, algo que lhes parecia surpreendente, expôs.

Llibre considera que o trato a prisioneiros foi em mais de cinco décadas uma das mostras inegáveis da moral e da ética da Revolução cubana.

Fidel Castro fez do respeito aos detentos uma tradição reconhecida até por nossos inimigos, política presente a 1961 em Praia Girón, quando derrotamos em menos de 72 horas a invasão organizada pelos Estados Unidos e capturamos milhares de mercenários, depois trocados por compotas, afirmou.

Também José Hembel Tamayo rememorou sua época como barbudo na Segunda Frente Oriental Frank País.

Subi a princípios de 1958 porque na minha Mayarí natal já “estava fichado por revoltoso e me iam matar”, assinalou o aposentado de 85 anos.

Segundo Tamayo, nas colinas foi fotógrafo até o triunfo de 1959 e ademais tocou-lhe cuidar a prisioneiros.

“A princípio não compreendia coisas como os detentos, alguns assassinos, comerem o mesmo que nós e primeiro que nós, mas depois entendi o ético dessa maneira de atuar”, disse.

De acordo com Tamayo, em Praia Girón e em Angola, onde também esteve, sempre se respeitou aos capturados em combate.

Tem sido uma linha reta da Revolução e de Fidel jamais maltratar um prisioneiro, vivi-o em Girón e na África; ainda que em Angola não participei diretamente em ações militares, muitos de meus colegas confirmam-no, agregou.

Ética de Revolución cubana evidenciada en trato a prisioneros

La Habana, 19 may (PL) El trato respetuoso y humano a los prisioneros evidencia la ética de la Revolución cubana desde su germinación en las montañas de la Sierra Maestra, consideraron aquí participantes en esa gesta.

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Los combates en el oriente de la isla contra la dictadura de Fulgencio Batista, en las arenas de Playa Girón y las tierras de África, donde cumplieron misión internacionalista miles de cubanos son -según Antonio Llibre y José Hembel Tamayo- escenarios de esa postura invariable.

En diálogo con Prensa Latina, los otrora integrantes del Ejército Rebelde recordaron su paso por las montañas y por diferentes etapas posteriores al triunfo de la Revolución del 1 de enero de 1959.

Llegué en marzo de 1958 a la Sierra Maestra, desde entonces vi a muchos prisioneros, algunos de ellos responsables de atrocidades contra campesinos y población civil, comentó Llibre, un abogado próximo a cumplir 80 años.

De acuerdo con el actual miembro de la Unión de Juristas de Cuba, especializado en temas de derecho internacional, nunca observó o escuchó de torturas, golpizas o maltratos a los detenidos.

“Las órdenes de Fidel Castro eran claras: nadie podía tocarlos y debíamos atender a los enemigos heridos durante los combates, todo eso a pesar de que era una guerra y sufríamos la pérdida de compañeros muy queridos”, recordó.

Para el jurista, esa conducta contrasta con la que sufrió en carne propia en su época en la lucha clandestina en el llano, poco antes de subir a la Sierra Maestra, donde terminó la guerra como ayudante de Fidel Castro.

Estuve dos veces detenido, y fui salvajemente torturado y golpeado hasta perder el conocimiento, incluso en la segunda ocasión de encierro salvé la vida de milagro, “porque para uno de los esbirros me parecía demasiado a su único hijo”, precisó.

Llibre participó en la etapa de la lucha rebelde en la entrega de prisioneros a la Cruz Roja, acciones de las que guarda constancia gráfica.

Entregábamos a los oficiales y guardias sin un rasguño, a menos que resultasen heridos en los combates, y en esos casos los devolvíamos con toda la atención médica a nuestro alcance; incluso, a los oficiales les dejábamos su arma de reglamento durante el cautiverio, algo que les parecía sorprendente, expuso.

Llibre considera que el trato a prisioneros ha sido en más de cinco décadas una de las muestras innegables de la moral y la ética de la Revolución cubana.

Fidel Castro hizo del respeto a los detenidos una tradición reconocida hasta por nuestros enemigos, política presente en 1961 en Playa Girón, cuando derrotamos en menos de 72 horas la invasión organizada por Estados Unidos y capturamos a miles de mercenarios, después cambiados por compotas, afirmó.

También José Hembel Tamayo rememoró su época como barbudo en el Segundo Frente Oriental Frank País.

Subí a principios de 1958 porque en mi natal Mayarí ya “estaba fichado por revoltoso, y me iban a matar”, señaló el jubilado de 85 años.

Según Tamayo, en las lomas fue fotógrafo hasta el triunfo de 1959, y además le tocó cuidar a prisioneros.

“Al principio no comprendía cosas cómo que los detenidos, algunos asesinos, comían lo mismo que nosotros y primero que nosotros, pero luego entendí lo ético de esa manera de actuar”, dijo.

De acuerdo con Tamayo, en Playa Girón y en Angola, donde también estuvo, siempre se respetó a los capturados en combate.

Ha sido una línea recta de la Revolución y de Fidel, el jamás maltratar a un prisionero, lo viví en Girón y en África; aunque en Angola no participé directamente en acciones militares, muchos de mis compañeros sí dan fe de ello, agregó.

Foto: PL/Manuel Muñoa

Foto de capa: Fidel e Antonio Llibre.

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