Desafios para a Presidente Dilma Rousseff

Publicado em: 01/11/2010 às 13:29
Desafios para a Presidente Dilma Rousseff



Por Leonardo Boff.

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Celebramos alegremente a vitória de Dilma Rousseff. E não deixamos de folgar também pela derrota de José Serra  que não mereceu ganhar esta eleição dado o nivel indecente de sua campanha, embora os excessos tenham ocorrido nos dois lados. Os bispos conservadores que, à revelia da CNBB, se colocaram fora do jogo democrático e que manipularam a questão da descriminalização do aborto, mobilizando até o Papa em Roma, bem como os pastores evangélicos raivosamente partidizados, sairam desmoralizados.

Post festum, cabe uma reflexão distanciada do que poderá ser o governo de Dilma Rousseff.  Esposamos a tese daqueles analistas que viram no governo Lula uma transição de paradigma: de um Estado privatizante, inspirado nos dogmas neoliberais para um Estado republicano que colocou o social em seu centro para atender as demandas da população mais destituida. Toda transição possui um lado de continuidade e outro de ruptura. A continuidade foi a manutenção do projeto macroeconômico para fornecer a base para a estabilidade política e exorcizar os fantasmas do sistema. E a ruptura foi a inauguração de substantivas políticas sociais destinadas à integração de milhões de brasileiros pobres, bem representadas pela Bolsa Familia entre outras. Não se pode negar que, em parte, esta transição ocorreu pois, efetivamente, Lula incluiu socialmente uma França inteira dentro de uma situação de decência. Mas desde o começo, analistas apontavam a inadequação entre projeto econômico e o projeto social. Enquanto aquele recebe do Estado alguns bilhões de reais por ano, em forma de juros, este, o social, tem que se contentar com bem menos.

Não obtante esta disparidade, o fosso entre ricos e pobres diminuiu o que granjeou para Lula extraordinária aceitação.
Agora se coloca a questão: a Presidente  aprofundará a transição, deslocando o acento em favor do social onde estão as maiorias ou manterá a equação que preserva o econômico, de viés monetarista, com as contradições  denunciadas pelos movimentos sociais e pelo  melhor da inteligentzia brasileira?

Estimo que, Dilma deu sinais de que vai se vergar para o lado do social-popular. Mas alguns problemas novos como aquecimento global devem ser impreterivelmente enfrentados. Vejo que a novel Presidenta compreendeu a relevância da agenda ambiental, introduzida pela candidata Marina Silva. O PAC (Projeto de Aceleração do Crescimento) deve incorporar a nova consciência de que não seria responsável continuar as obras desconsiderando estes novos dados. E ainda no horizonte se anuncia nova crise econômica, pois os EUA resolveram exportar sua crise, desvalorizando o dólar e nos prejudicando sensivelmente.
Dilma Rousseff marcará seu governo com identidade própria se realizar mais fortemente a agenda que elegeu  Lula: a ética e as reformas estruturais. A ética somente será resgatada se houver total transparência nas práticas políticas e não se repita a mercantilização das relações partidárias(“mensalão”).

As reformas estruturais é a dívida que o governo Lula nos deixou. Não teve condições, por falta de base parlamentar segura, de fazer nenhuma das reformas prometidas: a política, a fiscal e a agrária. Se quiser resgatar o perfil originário do PT, Dilma deverá implementar uma reforma política. Será dificil, devido os interesses corporativos dos partidos, em grande parte, vazios de ideologia e famintos de benefícios. A reforma fiscal deve estabelecer uma equidade mínima entre os contribuintes, pois até agora poupava os ricos e onerava pesadamente os assalariados. A reforma agrária não é satisfeita apenas com assentamentos. Deve ser integral e popular levando democracia para o campo e aliviando a favelização das cidades.

Estimo que o mais importante é o salto de consciência que a Presidente deve dar, caso tomar a sério as consequências funestas e até letais da situação mudada da Terra em crise sócio-ecológica. O Brasil será chave na adaptação e no mitigamento pelo fato de deter os principais fatores ecológicos que podem equilibrar o sistema-Terra. Ele poderá ser a primeira potência mundial nos trópicos, não imperial mas cordial e corresponsável pelo destino comum. Esse pacote de questões constitui um desafio da maior gravidade, que a novel Presidenta irá enfrentar. Ela possui competência e coragem para estar à altura destes  reptos. Que não lhe falte a iluminação e a força do Espírito Criador.

Dilma: la importancia de una mujer en la Presidencia

Por Leonardo Boff.

Hay dos formas principales de estar presentes en el mundo: por el trabajo y por el cuidado. Como, a diferencia de los animales, somos seres sin ningún órgano especializado, estamos obligados a trabajar para sobrevivir, es decir, tenemos que sacar de la naturaleza todo lo que necesitamos. Para ello, usamos la razón práctica, la creatividad y la tecnología. Aquí necesitamos ser objetivos y efectivos, pues en caso contrario sucumbimos a las necesidades. En la historia humana, por lo menos en Occidente, se ha instaurado la dictadura del trabajo. Éste ya no es una obra, sino que se ha transformado en un medio de producción y vendido en forma de salario, lo cual implica competición y devastación atroz de la naturaleza y perversa injusticia social. Representantes principales, aunque no exclusivos, del modo de ser del trabajo son los hombres.

La segunda forma es el cuidado. Tiene en su centro la vida y las relaciones interpersonales y sociales. Todos somos hijos e hijas del cuidado, porque si nuestras madres no hubiesen tenido infinito cuidado con nosotros cuando nacimos, algunas horas después habríamos muerto y no estaríamos aquí para escribir sobre estas cosas. El cuidado tiene que ver más con sujetos que interactúan entre sí que con objetos a ser gestionados. El cuidado es un gesto amoroso para con la realidad.

El cuidado no se opone al trabajo. Le da una característica propia que es la de estar hecho de tal forma que respeta las cosas y permite que se rehagan. Cuidar significa estar junto a las cosas, protegiéndolas, y no sobre ellas, dominándolas. Ellas nunca son meros medios. Representan valores y símbolos que nos evocan sentimientos de belleza, complejidad y fuerza. Obviamente se dan resistencias y perplejidades, pero son superadas por la paciencia perseverante. La mujer tiende a colocar en el lugar de la agresividad la convivencia amorosa. En vez de la dominación, la compañía afectuosa. La cooperación sustituye a la competición. Las mujeres son portadoras privilegiadas, pero no exclusivas, del cuidado.

Desde la más remota antigüedad, asistimos a un drama de consecuencias funestas: la ruptura entre el trabajo y el cuidado. Desde el neolítico se impuso el trabajo como búsqueda frenética de eficacia y de riqueza. Este modo de ser somete a la mujer, mata el cuidado, liquida la ternura y tensiona las relaciones humanas. Es el imperio del androcentrismo, del predominio del hombre sobre la naturaleza y la mujer. Ahora hemos llegado a un impasse fundamental: o imponemos límites a la voracidad productivista y rescatamos el cuidado o la Tierra no aguantará más.

Sentimos la urgencia de feminizar las relaciones, es decir, de reintroducir el cuidado en todos los ámbitos, especialmente en los de las personas más masacradas (dos tercios de la humanidad), la naturaleza devastada y el mundo de la política. La puerta de entrada al universo del cuidado es la razón cordial y sensible que nos permite sentir las heridas de la naturaleza y de las personas, dejarse envolver y movilizarse para humanizar las relaciones entre todos, sin descuidar la colaboración fundamental de la razón instrumental-analítica que nos permite ser eficaces.

Aquí es donde veo la importancia providencial tener al frente del gobierno de Brasil a una mujer como Dilma Rousseff. Ella podrá unir las dos dimensiones: la del trabajo que busca racionalidad y eficacia (la dimensión masculina), y la del cuidado que acoge lo más pobre y sufrido y proyecta políticas de inclusión y de recuperación de la dignidad (dimensión femenina). Dilma posee el carácter de una gran y eficiente gestora (su lado de trabajo/masculino) y al mismo tiempo la capacidad de llevar adelante con ternura y compasión el proyecto de Lula de cuidar de los pobres y de los oprimidos (su lado de cuidado/femenino). Ella puede realizar el ideal de Gandhi: «la política es un gesto amoroso para con el pueblo».

En este momento dramático de la historia de Brasil y del mundo es importante que una mujer ejerza el poder como cuidado y servicio. Ella, Dilma, imbuida de esta conciencia, podrá imponer límites al trabajo devastador y podrá hacer que el desarrollo ansiado se haga con la naturaleza y no contra ella, con sentido de justicia social, de solidaridad a partir de abajo, y de una fraternidad abierta que incluye a todos los pueblos y a toda la comunidad de vida.

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