Chile: O feminismo ocupa as universidades

Prêmio Nacional de Jornalisma e vice-reitora de extensão e comunicações da Universidade do Chile, Faride Zerán disse que o país “está diante de uma rebelião cultural contra o patriarcado”.

Confira a entrevista.

Premio Nacional de Periodismo y vicerrectora de extensión y comunicaciones de la Universidad de Chile, Faride Zerán es una voz autorizada para hablar de dos frentes que han marcado la agenda informativa esta semana: las tomas feministas en distintas universidades y el cierre de dos importantes revistas de circulación nacional. Acá, la exdirectora de la revista Rocinante, asegura que las demandas de las nuevas generaciones de mujeres son un cambio cultural que “debemos aplaudir” y que la escasa diversidad de los medios de comunicación es uno de los “pecados originales de la transición”.

La igualdad de género es una de las principales luchas del actual movimiento estudiantil. ¿Por qué crees que la visibilidad de este fenómeno se ha hecho tan fuerte este año?
-Creo que estamos ante una rebelión cultural en contra del patriarcado que sienta en el banquillo a una sociedad machista y su arista más visible: el acoso sexual y el abuso del poder al interior de la sala de clases. El correlato de estas demandas está en las masivas protestas-la más reciente fue el histórico paro general de las mujeres españolas el 8 de marzo- hasta las manifestaciones de “Ni una Menos”, o “Me Too”, que refieren no sólo la alarmante cifra de femicidios en el mundo, sino de acoso y violaciones impunes. Y a propósito de conmemoraciones y de los 50 años de la revuelta estudiantil de mayo, si en mayo del ’68 las mujeres levantaron sus demandas en un contexto general y de la mano de las teorías feministas en boga, hoy se apunta al corazón de la sociedad chilena asumiendo en muchos casos que el feminismo, además de una ideología, resulta una pulsión, un sentimiento, marcando así un punto de inflexión que la hace más visible, masiva, transversal. Muchas de ellas quizás no han leído a Julieta Kirkwood, ni saben de Belén de Sárraga o de Judith Butler, pero no necesitan mucha teoría para saber que las discriminan, las acosan, las violan o las matan. Otras sí han sido formadas en los temas de género y han sabido ejercer liderazgos claros al interior de sus orgánicas estudiantiles. No es casual que la FECH haya sido encabezada por mujeres en los últimos años con liderazgos potentes. Desde Camila Vallejo a Melissa Sepúlveda; desde Valentina Saavedra a Camila Rojas. Y si bien las denuncias de acoso y abuso de poder fueron hechos naturalizados hasta hace poco, hoy no son tolerados por las nuevas generaciones de mujeres que exigen igualdad de género en sus casas y en sus aulas. Y eso no es una consigna, es un sentimiento, una demanda que nos habla de un cambio cultural que debemos aplaudir y hacernos cargo como sociedad.

¿Cómo has visto este fenómeno en la casa de Bello? ¿Son las universidades realmente instituciones patriarcales?
-No son sólo las universidades instituciones patriarcales, es la sociedad entera la patriarcal. Y si bien el fenómeno, la revuelta, la insurrección de las jóvenes partió en la Universidad de Chile, con sus asambleas de mujeres y denuncias de acoso, existe la decisión política de enfrentar el tema. Claro que son escasas las mujeres rectoras, y la primera, Roxana Pey, fue sacada por insumisa, de acuerdo a las razones que esgrimió la autoridad de turno, en este caso otra mujer. Hay pocas decanas, pocas profesoras en las más altas jerarquías, hay asimetrías en los salarios, estoy hablando de la U de Chile, pero lo que sí existe es una autoridad, en este caso un rector, Ennio Vivaldi, y un equipo del cual formo parte, y una comunidad, conscientes de que esto no puede seguir, que hay que hacer cambios de fondo, que no se puede tolerar ni el acoso, ni la discriminación ni nada que nos remita a la escandalosa desigualdad de género. Hemos visto el fenómeno de este Mayo Feminista con gran entusiasmo y simpatía. Eso implica un desafío grande: escuchar las demandas de educación no sexista y asumir que debemos cambiar el currículo, y no solo en la universidad sino en los colegios, en los jardines infantiles, y en todas las instituciones de educación del país, incluyendo por supuesto las de las FF.AA. Y una educación no sexista y con perspectiva de género implica erradicar la homofobia, la transfobia y todo aquello que nos habla de discriminación.

Se ha hablado de la carencia de protocolos en casos de abuso y acoso sexual en las universidades. ¿Por qué la reacción de las autoridades ha sido tan lenta, si las denuncias en esta materia se remontan hace varios años atrás?
-La Chile fue la primera universidad del país en tener un protocolo y una política contra el acoso desde hace casi dos años, pero es insuficiente. Por ello el Rector pidió que se introdujera una modificación en la ley de Universidades del Estado que fue acogida pero aún no entra en vigor, pues antes el acoso era tipificado solo como falta administrativa, lo que le ponía una camisa de fuerza a los sumarios provocando la justa indignación de las mujeres. Hablo de la Chile, donde como política nuestra decidimos sacar la basura de debajo de la alfombra y hacernos cargo de ella. Otras universidades han sido más lentas, no tienen normativas, aunque sí acosadores y discriminaciones de género. Esperemos que este movimiento signifique una puesta al día de estos temas de parte de todas las instituciones de educación.

¿Cómo evalúas el rol de las académicas en este proceso? ¿Hay empatía, solidaridad o distancia crítica?
-Se requieren protocolos y junto a ello un debate serio que implique avanzar hacia una cultura no sexista. Es todo un cambio que no se hace de la noche a la mañana, por lo que requiere de voluntad, políticas ad hoc, educación y del concurso de toda una sociedad. Y, por supuesto, del compromiso de los medios de comunicación que reproducen conductas y estereotipos machistas, sexistas, como si fueran graciosos. Las académicas han solidarizado y empatizado mayoritariamente con las demandas de las estudiantes. Ellas mismas han levantado demandas al respecto, al igual que un gran porcentaje de hombres, sobre todo los más jóvenes. Por supuesto, nada es fácil. Estamos ante un proceso y, como tal, tiene avances y retrocesos. Esperemos que sean más los avances que logremos ir consolidando como comunidad, con nuestros estudiantes, funcionarios y académicos.

Rafael Gumucio dijo -aunque luego se retractó- que las tomas feministas eran un movimiento de “mujeres solteras, sin hijos ni demasiados problemas económicos”. ¿Crees que se trata realmente de un movimiento elitista?
-No puedo creer que Rafael reproduzca esa caricatura, ese estereotipo. O estaba bromeando y quería llamar la atención, o con los años se puso estúpido. Creo que se trata de lo primero. ¡Un chiste malo que ya no hace reír a nadie!

Una de las críticas fuertes es que las universidades reproducen los roles de género a través de la educación. Se habla incluso de la división sexual del trabajo, entendiendo que a las mujeres les ha correspondido históricamente roles de subalternidad. ¿Es en el fondo esta lucha una tarea emancipatoria? ¿Cómo se revierte esto más allá de un protocolo?
-Es cierto. Si la educación no es consciente reproduce estereotipos. Más aún en el marco de un país neoliberal y de una educación de mercado. Por ello el tema es más complejo y abarca aspectos más profundos que nos obligan a pensar un cambio cultural y estructural que nos remite no a más mercado, sino a más democracia, más libertad, más igualdad. No queremos mujeres libres en un país de esclavos. Esclavos del mercado, sometidos al lucro que invade todos y cada uno de sus derechos, incluyendo el de pensar crítica y libremente. Por ello a los protocolos actualizados deben sumarse reformas en las mallas, colegios mixtos, políticas de igualdad salarial, dignidad e igualdad laboral para todos los estamentos educacionales, universidades públicas con recursos, no precarizadas como hoy. Etcétera… conversaciones.

¿Consideras necesaria una educación feminista en la educación chilena como se ha planteado públicamente?
-Por supuesto. Si asumimos que el feminismo es la expresión de la total democracia, libertad e igualdad, una escuela, una universidad, un país feminista es una escuela, una universidad, un país mejor.

Medios
¿Cómo ves el nuevo escenario en los medios de comunicación a partir del cierre de Revista Paula y Qué Pasa?
-El escenario es patético, porque la democracia chilena resulta patética en su precariedad esencial si la medimos por la diversidad y calidad de sus medios de comunicación. Y ese es uno de los pecados originales de la transición cuando decidieron que un diario, una revista, una radio, una señal de televisión eran equivalentes a una fábrica de embutidos o de papel para el baño. El mercado y sus vaivenes deciden su destino. Y eso es una ideología que la asumen tanto la exministra Carolina Schmidt, como antes el exministro Enrique Correa. El desprecio por el rol social y público de los medios de comunicación y su aporte para la solidez democrática no es solo privativo de la derecha. La izquierda o el progresismo, o la centro izquierda o como quiera llamarse, es una fiel seguidora de la misma política. Por ello distribuyen la publicidad estatal de manera arbitraria, lo que ayuda a consolidar la extrema concentración. Hoy es Paula y Qué Pasa, ayer fue Punto Final, y antes todos y cada uno de los medios que fueron cerrando a lo largo de estos 28 años. No los voy a nombrar. No quiero deprimirme y menos indignarme.

También acecha el fantasma de la tercerización con el ingreso del grupo Secuoya en varios medios televisivos. No sólo se vienen despidos sino una situación de precariedad laboral en el gremio.
-La precariedad laboral en este ámbito es una constante, así como los despidos masivos, y más con los cambios de modelo de funcionamiento que apuntan a la tercerización. No hay nada nuevo en esta materia sino la profundización del fenómeno de concentración y precarización laboral. Son las reglas de un juego que se viene ejercitando en nuestras narices de hace décadas. Esto es como el poema de Brecht: “¡Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde!”.

¿Consideras necesario replantear los cupos en las carreras de periodismo atendiendo el panorama que se vislumbra?
-No. Los periodistas bien formados siempre se las arreglan para disparar desde cualquier trinchera, y si no las tienen, las inventan. Ellos representan un peligro para los poderosos y abusadores, así que en este país neoliberal y abusador a ultranza cuanto más periodistas tengamos, tanto mejor.
¿Es necesario una nueva ley de prensas para garantizar los derechos de los profesionales de los medios?
-Mejor cambiemos el país. Es lo único que puede garantizarnos algo serio.

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