Brutalidade policiaco-militar

Publicado em: 17/10/2011 às 10:41
Brutalidade policiaco-militar

Por Pedro Echeverría V.

1. El sábado hubo decenas de miles de movilizaciones en todo el mundo, pero las de los italianos que provocaron enfrentamientos fueron calificados por la prensa local como “una de las jornadas más violentas” de la historia reciente de Italia, que junto con Grecia, España y Portugal atraviesa por una difícil situación financiera, debido a los déficit presupuestales, las altas tasas de endeudamiento público y los recortes al gasto gubernamental. Además de Roma, en Nueva York la confrontación con policías y militares provocaron muchas decenas, por no decir cientos, de detenidos, golpeados y malheridos. Italia es el país donde los grupos autónomos, los anarquistas y los consejos de fábrica han funcionado con mucha efectividad. Ellos tienen mucho que enseñarnos en luchas de autodefensa en las calles, fábricas y demás centros urbanos. Contrario a los seguidores de Gandhi que se dejan madrear, los italianos han aprendido a defenderse.

2. Cuando veo las fotografías de la represión ordenada por Berlusconi contra los pacíficos y desarmados jóvenes manifestantes italianos, recuerdo los ofensivos bloqueos que hemos sufrido en la ciudad de México, Oaxaca, Monterrey, Cancún, Chichén Itzá, Guadalajara y Mérida cuando nos hemos agrupado para llevar nuestras protestas hasta los gobernantes culpables de las hambres y las guerras, tales como los Bush, Obama, los asistentes a reuniones internacionales y los gobernantes mexicanos. A esos asesinos los resguardan con decenas de miles de militares, caballos y perros; los protegen en palacios o “bunkers” blindados con altas rejas de acero de tres metros de alto y rejillas protectoras de metro y medio (como primer filtro) para evitar que se acerquen las protestas. ¿Quisieran esos malditos gobiernos que con solo mostrarnos a las fuerzas represivas armadas nos fuéramos a nuestras casas a rumiar como cobardes nuestro coraje?

3. Nada de eso, como los indignados italianos ya no permitiremos que nuestras protestas no sean escuchadas por el pueblo ni tampoco que sean silenciadas por los medios de información al servicio del capital. Si nuestras batallas o acciones son aplaudidas por los gobernantes y los medios porque somos “respetuosos de las instituciones”, entonces en vez de servir al pueblo estamos sirviendo al Estado. Recuerdo que aquel plantón de Reforma que colocó valientemente López Obrador 2006 –avenida aristocrática donde se concentran los grandes bancos, bolsas, compañías de seguros y la embajada yanqui- le dolió a la burguesía empresarial y a los medios de información hasta el culo; por el contrario en la plancha del Zócalo o en un parque donde no bloqueas nada ni tampoco la propaganda es afectiva, te puedes pasar hasta dos o tres años. Es el ideal de la clase dominante: tener un “manifestadrónomo” para desahogar a los protestantes.

4. Me parece que es urgente dar un giro a las manifestaciones porque las de ahora son tan inofensivas que los empresarios y los gobiernos las ignoran o sólo se las resbalan. Y la realidad es que no deben ser un divertimento sino poderosas batallas que obliguen a los gobernantes a solucionar los problemas. Recuerdo que la del 25 de noviembre de 2006 en Oaxaca conforme la manifestación iba entrando al  centro lo fue rodeando y dejando nutridos contingentes de 200 o 300 miembros de la APPO en las  principales calles de acceso al Zócalo para que los soldados y policías fuesen rodeados. Esta estrategia fue la repetición de la que aplicaron los profesores de la sección 22 el 14 de junio cuando rodeamos a  los soldados en el Zócalo que, a pesar de lanzarnos gases lacrimógenos desde el helicóptero y por ellos mismos, los expulsamos tres horas después que reprimieron el plantón; incluso se tuvo a dos policías como rehenes.

5. Oaxaca no triunfó en sus batallas de 2006 a pesar de su enorme capacidad de movilización y sus acertadas estrategias de lucha en las calles por mil y un circunstancias; faltó apoyo externo y, por otro lado, se reafirmó la unidad entre los gobiernos de Fox, Calderón, los priístas, para destruir el movimiento. Pero tampoco la Comuna de París de 1871 pudo durar más de dos meses porque también careció de apoyos externos y las fuerzas imperialistas franco-alemanas se unieron para destruirla; pero ambas luchas son ensayos históricos libertarios que muy bien pueden tomarse como ejemplo y modelo por los trabajadores. Las grandes movilizaciones de masas y sus acciones revolucionarias son indudablemente las paridoras de las transformaciones sociales. Por lo contrario, parece que los procesos electorales sólo acomodan las cosas, las ordenan, para que sean las continuadoras de la explotación capitalista.

6. Parece que en la contienda presidencial que se ha iniciado, López Obrador, si no quiere caer en la misma queja de siempre: “Nos ganaron porque nos hicieron trampa o fraude”, tiene que organizar de manera urgente un Plan B para usar en el momento en que se vea que su triunfo electoral es imposible porque va en segundo lugar o en un vergonzoso tercero. Las protestas de Cárdenas en 1988, las de AMLO en 2006, las de Encinas en los pasados meses, fueron ridículas y vergonzosas porque no sirvieron de nada. La creación del PRD en 1989 con la que se compadeció la derrota de Cárdenas sirvió para un carajo y si López Obrador buscara compadecerse con la creación del partido Morena después de las elecciones de 2012 al sufrir una nueva derrota, sería el signo de que ya estamos peor que jodidos. El Plan B tendría que consistir en bloqueos y movilizaciones que impidan las elecciones y logren la renuncia de Calderón.

7. Un Plan B tendría que tomar no sólo el Paseo de Reforma, sino los aeropuertos, las embajadas, todas las casetas de carreteras de entrada a la ciudad de México, los bancos, los transportes urbanos. ¿Para qué carajos sirve demostrar que nos hicieron fraude electoral, que se manejó dinero del narcotráfico, que los yanquis intervinieron, que los empresarios obligaron a sus trabajadores o que en la iglesia los curas aconsejaron por quien votar, si tenemos una larga historia para demostrar que “golpe dado ni dios lo quita? Quizá encerrar a los lópezobradoristas en el Zócalo (yo también estuve) durante un mes fue una estrategia errónea que permitió consolidarse a Calderón; lo mismo ha sucedido cuando los electricistas, la CNTE o campesinos se han encerrado en el Zócalo. Está bien cuando no se puede bloquear instituciones, pero demuestra debilidad. Así que como los indignados italianos el chiste es pasar a la ofensiva, si no, no.

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