África: A cidade dos ancestros

África

Por Roberto Correa Wilson *.

La Habana (PL) Igbalé Aye significa “sede del humanismo” en lengua yoruba y es el lema adoptado para la ciudad de los ancestros, un santuario destinado a repatriar las almas africanas que padecieron el flagelo de la esclavitud en América y el Caribe.

Este santuario, en la frontera de Benin y Nigeria -dos naciones del Africa Occidental-, trata que los espíritus sin sosiego por las violencias y maltratos padecidos por los hijos de este continente, se encuentren finalmente en su tierra.

La esclavitud tiene visos de un fenómeno místico, y África posee muchos secretos de este tipo, afirman promotores de la iniciativa y concluyen que los africanos que sufrieron la esclavitud podrán regresar a su continente para descansar en paz.

Los europeos fueron los primeros extranjeros en arribar a África en el siglo XV. Los navegantes portugueses iniciaron la exploración de sus costas occidentales y comenzaron los contactos con las poblaciones que habitaban en las áreas costeras.

Ese fue el vínculo inicial entre ambas culturas. Desde el principio los europeos establecieron que las relaciones futuras serían de dominio y subordinación, los cuales se recrudecerían en los siglos siguientes y comenzaría con el sistema esclavista.

Navegantes portugueses encabezados por Pedro Alvares Cabral llegaron en el 1500 a playas de Bahía, en Brasil, y comenzaron la colonización de ese país de América del Sur. Los hacendados lusitanos tenían necesidad de fuerza de trabajo para las plantaciones agrícolas, fundamentalmente en la producción azucarera y el cacao.

COMERCIO DE ESCLAVOS

La trata fue iniciada por Portugal. Las regiones occidentales de África se convirtieron en coto de caza de hombres y mujeres para convertirlos en esclavos en Brasil y posteriormente en otros países de América y el Caribe.

En la medida en que las potencias europeas ampliaban el espectro colonial, crecía la demanda de esclavos. La población autóctona india era menos resistente el trabajo rudo del campo. El intenso tráfico humano por la zona de Togo le proporcionó la triste denominación de Costa de los Esclavos.

La isla de Gorée, en el actual Senegal, se convirtió en un sitio donde se almacenaban los esclavos en grandes naves antes de ser enviados a las colonias en los denominados barcos negreros.

Igual ocurría en Guinea Bissau, donde la Iglesia autorizó a la Compañía Portuguesa el comercio de esclavos; o en Santo Tomé y Príncipe, que provocaron rebeliones como las dirigidas por Joan Gato en 1530 y la de Amado Vieira, la cual llegó a movilizar cerca de cinco mil esclavos.

Otras protestas también se produjeron en Angola, Benin, Nigeria o Camerún, donde diferentes grupos ofrecieron tenaz resistencia a los cazadores de esclavos. Esas acciones mostraron que la esclavitud fue rechazada en territorio continental.

Según algunos estudios, más de 20 millones de negros llegaron a América y el Caribe, aunque nunca se conocerá con certeza cuántos fueron arrancados de tierras africanas. Muchos perecieron por las inhumanas condiciones de la travesía y eran arrojados al mar.

El monopolio de la Trata en su comienzo fue ejercido por Portugal, pero más tarde británicos, franceses, holandeses, españoles y otros les hicieron dura competencia. La trata enriqueció a los traficantes, y en las colonias los hacendados amasaron grandes fortunas con el trabajo esclavo.

En suelo africano, hombres sin escrúpulos como el portugués Eucaristus de Campos, quien participó en el comercio de esclavos en Porto Novo, Benin, incrementaron su patrimonio personal. La Trata alcanzó gran auge en los siglos XVII y XVIII.

REBELIONES

Los crímenes cometidos por amos y capataces contra los esclavos propició el surgimiento de rebeliones en las colonias, que se tradujeron en la fuga hacia los bosques, y se convertían en cimarrones, constituían palenques donde los fugitivos habitaban colectivamente y se defendían de las persecuciones de los capataces.

Las rebeliones tuvieron lugar en todos los territorios de América y el Caribe donde hubo esclavos. Esas manifestaciones de rebeldía mostraron que los africanos nunca se resignaron a las crueles condiciones de explotación y rechazaron las instituciones coloniales que reglamentaban su vida y su conducta.

La historia registra hechos heroicos como la rebelión del esclavo Yanga en 1609 en México, una de las más tempranas en los territorios coloniales, la del Cobre en la provincia cubana de Santiago de Cuba, y la de Zumbi dos Palmares, símbolo de la resistencia a la esclavitud en Brasil.

La Revolución en Haití en 1804 contra el dominio colonial de Francia fue la más importante manifestación de rebeldía antiesclavista. Esa gesta triunfante se convirtió en la primera en el área latinoamericana y caribeña.

Los constantes levantamientos y reflexiones de los negros prepararon el terreno para las luchas independentistas en América.

En 1804, la Corona británica abolió la Trata en sus colonias al entrar la metrópoli en la Revolución Industrial, y no ser necesaria a sus intereses. En las colonias los terratenientes le hicieron resistencia y los traficantes intentaron burlar la norma real.

La eliminación de la esclavitud no se produjo igual en todas las colonias. Fue casi a fines del siglo XIX que ese flagelo, crimen contra la humanidad, desapareció oficialmente.

Dos siglos más tarde, en el XXI, los africanos que sufrieron y murieron a causa de los tormentos de la esclavitud, podrán regresar a su continente para descansar en paz.

*Periodista cubano especializado en política internacional, ha sido corresponsal en varios países africanos y es colaborador de Prensa Latina.

Imagen: Apres midi en Afrique – Jaques Beaumont.

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