A guerra é um crime

Por Jorge Gómez Barata.

Me inclino ante la habilidad de los propagandistas de Israel para fabricar mitos capaces de convertir hechos triviales en paradigmas, presentar como invencibles a sus tropas, letal a su aviación e infalible al Mossad. Gracias a ese  eficaz marketing político, el sionismo cubre con relumbrón dorado el más repúgnate terrorismo de Estado.
Este empeño mendaz no debe ser confundido con el esfuerzo ideológico original realizado a favor de la causa judía en su ejemplar resistencia pacífica a la discriminación y las persecuciones del antisemitismo europeo, que por un lado condujo al concepto hitleriano de “solución final” y al holocausto y por otro amparó la maniobra británica para sacar de modo indoloro a los judíos de Europa prometiéndoles un “Hogar nacional”, no en Gales ni Escocia, sino en Palestina.
Tan eficaz fue la prédica sionista, después de la Declaración Balfour de 1917, asociada a la diplomacia británica que logró confundir a Stalin quien  apoyó la partición de Palestina en 1949 y la formación de Israel en la creencia de que la condición de rusos, ucranianos, polacos, húngaros y eslavos de la mayoría de los líderes sionistas de entonces, equilibrarían la balanza e impedirían la hegemonía imperialista en el Medio Oriente.
Aunque conozco varias versiones, algunas de las cuales mencionan influencias de ilustres familias cubanas, no he conseguido averiguar las razones que tuvo el presidente cubano Carlos Prio Socarrás para oponerse a la partición de Palestina, decisión de la ONU, en la cual Cuba voto en contra.
Tampoco está claro por qué antes, en 1939 el entonces presidente cubano, Federico Laredo Brú, sin antecedentes antisemitas conocidos,  impidió el desembarco de casi un millar de refugiados del trasatlántico San Luis a quienes antes la embajada cubana en Berlín había otorgado visas (en realidad vendido) y que el 13 de mayo de aquel año en una operación coordinada con la emigración norteamericana zarparon de Hamburgo con destino a La Habana, donde fueron rechazados y tras un angustioso peregrinaje por puertos del mundo, terminaron regresando a Europa para morir en los campos de extermino nazis.
Una Agresión Convertida en Mito
Entre las anécdotas mejor manipuladas para alimentar el mito de la eficacia de las fuerzas armadas de Israel figura la destrucción del reactor nuclear iraquí en las inmediaciones de Bagdad en junio de 1981. Según cuentan, una vez adoptada la decisión de liquidar la instalación, en el mayor secreto se adaptaron los aviones F-15 y F-16, entonces de última generación y se entrenaron las tripulaciones para una operación de bombardeo de precisión con blanco a la vista, quirúrgica y de alta eficacia.
En la tarde del 7 de junio de 1981, de la base aérea de Etzion despegó un escuadrón de entre 8 y 16 cazas (según distintas versiones) que volando por encina de tres países: Jordania, Arabia Saudita y el propio Irak a través de unos 2000 kilómetros en viaje de ida y regreso, realizaron la operación sin recibir hostilidad alguna.
Según la elaborada leyenda, se atribuye el mayor merito al comandante del escuadrón, Ilan Ramon, coronel de la aviación de Israel y posteriormente astronauta de la NASA, fallecido en el accidente del transbordador espacial Columbia el 1 de febrero de 2003, quien, para burlar las defensas de los  países involucrados, adoptó una formación cerrada, tan compacta que en las pantallas de los radares aparecía un solo punto y no varios aviones.
En realidad aunque las habilidades de los pilotos influyó en el éxito de la operación, nada de eso ocurrió, sino que aprovechando las extraordinarias posibilidades de los F-16 y realizando manipulaciones radioelectrónicas, y combinando la penetración de la inteligencia sionista con la impericia de los operadores de radar, se concretó un ataque virtualmente impune.
Basta unos simples cálculos aritméticos para dilucidar que, si para batir un blanco desprotegido ubicado a 1000 kilómetros, Israel empleó no menos de 10 aparatos: ¿Cuántos necesitará para agredir a Irán y batir unos 100 blancos situados a distancias dos veces mayores y en los cuales cabe esperar  defensas antiaéreas en disposición combativa para enfrentarlos?
Los manipuladores israelíes no son originales, antes que ellos Hollywood alimentó las pantallas y las mentes de millones de personas de sucesivas generaciones en todo el mundo, mediante la recreación de episodios de la guerra en el Pacifico y en Corea que presentaban sólo el lado heroico y romántico del sacrificio de los jóvenes que morían y no el sufrimiento y el dolor que cada uno de ellos significó.
Ojalá los lideres y los estadistas adoptaran todos la máxima de que “La   única manera de ganar una guerra es evitándola”.

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