A Eduardo Galeano y la señora Historia

Publicado em: 07/07/2010 às 11:52

Por Julio Rudman.

Escribo este textículo una hora después del penal de Abreu que mandó al seleccionado uruguayo de futbol al podio de los mejores cuatro.

Ni Tolkien, ni nuestra Bodoc, ni el boludito Potter, ni toda la parafernalia de Hollywood y sus héroes de plástico, se pueden equiparar al espectáculo que nos brindaron los charrúas nuestroamericanos.

Finalizaba el primer tiempo y, con el último suspiro, los africanos, los padres de la humanidad, empujaban los botines de Muntari hacia la gloria. Para colmo, los tipos vienen de un país que se llama Ghana. Una maldición, seguramente, porque como lo nombres, pierden. Uruguay-Ghana o Ghana-Uruguay. No hay como arreglarlo.

A los diez del segundo, Forlán, que por algo se llama Diego, tiene una cita de amor con la jabulani. Uno a uno. Pero no se vayan que viene lo mejor.

Alargue, más alargue. La última jugada. Luis Suárez, Luisito, más Luisito que nunca, se convierte en el arquero más inoportuno del Mundial. Es que si no emula a Fillol, gana Ghana. Penal y se termina. Gyan tiene una cita de terror con el travesaño y no hay más alargue que valga.

Ahora si. Ta tan ta tan, diría la abuela al nieto contándole una de suspenso. Hay quienes aciertan y quienes pifian. Muslera, el arquerito oriental, ataja dos.

Y llega él. Le dicen loco, el Loco Abreu y, como en las películas del oeste yanqui, cuando aparece el muchacho para salvar a la chica, el Loco desenfunda, con la magistral irresponsabilidad de los iluminados, la pica. ¿Cómo le explico, señora, qué significa picarla en ese momento? Es como hacer un buen chiste, burlándose del muchacho que salva a la chica. Es darle otro final a una película que venía de drama.

Entonces, Muntari y el sabor de la negritud; Furlán y su joya libre; el travesaño que parece puesto por Sendic y el Pepe Mujica para que lo bese Muslera; el manotazo de Luis, como espantando un error de la Historia y, finalmente, la sana locura del Loco. Todo para ratificar que la épica crece desde el pie, como nos enseña Zitarrosa.

La Señora Historia, Eduardo querido, tiene un amigo Loco. Otro más.

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