“INDIGNADOS”

Publicado em: 29/06/2011 às 22:29
“INDIGNADOS”

Irrupção de um Novo Sujeito Social-Político.

Por Juan Luis Berterretche.

Durante los años 1992-2005 los múltiples sujetos protagonistas de la rebeldía social en Sud América adoptaron en varias oportunidades un carácter de movimiento social-político extra-parlamentario alternativo al desautorizado e ineficaz paradigma partidos-sindicatos. Durante ese período fueron destituidos 11 presidentes sudamericanos y derrotado un golpe imperialista en Venezuela /1. Ni las centrales sindicales ni los partidos de “izquierda” cumplieron un rol determinante en esas rebeliones en defensa de los derechos sociales, las libertades democráticas y la soberanía nacional de nuestros pueblos. Las revueltas populares terminaron por derrotar el ALCA –proyecto imperialista siglo XXI de pillaje al continente- y cambiar la dinámica social y política latinoamericana /2.

Con obvias diferencias nacionales y culturales las movilizaciones en Grecia, España, e incluso las del Magreb y otros pueblos árabes han coagulado también en movimientos social-políticos diversos.

Sud América 1992-2005

En esos años el continente se caracterizó por una crisis institucional de dominación política burguesa-imperialista. Las instituciones de dominación estaban deslegitimadas, la institución presidencial fue vapuleada por revueltas populares en casi todos los países. El sistema de partidos estaba desprestigiado: la mayoría de los partidos tradicionales lacayos del imperio habían perdido toda credibilidad. Desde 1992, con la caída de Collor de Mello, el cargo de presidente sudamericano pasó a ser revocable en cualquier momento, si la movilización de la población alcanzaba la magnitud necesaria para forzar la destitución. Once presidentes fueron derrocados en el período 1992-2005.

Durante esos años hay un cierto padrón de comportamiento que se inicia con el presidente brasileño y se reproduce once veces: tres en Ecuador (Bucaram 1997, Mahuad 2000 y Gutiérrez 2005); dos en Venezuela (Carlos A. Pérez 1993 y Carmona 2002) y Bolivia (Sánchez de Lozada 2003 y Carlos Mesa 2005). y por una vez en Brasil (Collor 1992), Paraguay (Cubas 1999), Perú (Fujimori 2000) y Argentina (de la Rúa 2001).

En todos los casos se provocaron expulsiones presidenciales forzadas por el ejercicio de la democracia directa de la población movilizada. La única variante se da en Venezuela donde Chávez es restituido por la movilización luego de la breve intentona de golpe patronal auspiciado por EEUU que mantuvo 48 horas a Carmona (“el breve”) en la presidencia.

La crisis institucional permitió, en esos años, que uno de los distintivos del horizonte democrático de la humanidad que Marx extrajo de la experiencia de la Comuna de Paris, comenzara a ser conquistado: los representantes deben ser revocables en todo momento, por la sola voluntad de los representados. La democracia representativa debe estar siempre subordinada a la democracia directa.

En la totalidad de los derrocamientos de presidentes, el escenario económico del proceso que conduce a la crisis, es un plan neoliberal de acuerdo a la receta del FMI y el Banco Mundial. En las crisis convergían tanto los factores estructurales de largo plazo como las medidas adoptadas por los gobiernos sometidos al imperialismo y sus instituciones, que proyectaban los países en el camino de una re-configuración de los estados, subordinando ingresos y egresos a las necesidades del capital financiero internacional: privatizaciones de servicios públicos, venta-liquidación de los recursos naturales (minerales, petróleo, gas, agua, madera) con preferencia a las transnacionales imperialistas, degradación ambiental, concentración de la propiedad de la tierra, desindustrialización en algunas regiones, tratados de libre comercio y de “protección a las inversiones” con EEUU y otros países imperialistas, abertura comercial indiscriminada, endeudamiento externo e interno, rebaja salarial, aumentos de impuestos a la población a la vez que se desmantelaba la protección social, flexibilización laboral, desempleo, informalidad, pobreza y hambre.

En el caso de Venezuela, la expulsión de Carmona y la restitución de Chávez fueron en defensa de un gobierno que intentaba revertir esas medidas y se proponía redistribuir la renta petrolera favoreciendo los sectores desposeídos. La dirección del vector movilización era la misma. El panorama general de la imposición de Planes de Ajuste Estructural (PAEs) era similar al que los países europeos enfrentan hoy día.

Los sujetos de la rebeldía social eran muy diversos: trabajadores sindicalizados, desempleados, campesinos sin tierra, pueblos indígenas luchando por sus tierras y su soberanía, pobladores sin techo, operarios de fábricas “recuperadas”, jubilados, cooperativistas, estudiantes, jóvenes y mujeres de los barrios pobres, pequeños agricultores y comerciantes arruinados, pequeños ahorristas estafados, etc. El clima de revuelta en las clases bajas explicaba la inestabilidad institucional sudamericana.

Esta diversificación de los componentes del sujeto social, esta estratificación, responde a la ampliación de la variedad y profundidad de los grados de explotación. La acumulación flexible (Harvey) creó una multiplicidad de niveles de extracción de plusvalor. Amplias capas medias fueron absorbidas en distintos grados por la pauperización. Los jóvenes fueron atacados en todas sus posibilidades futuras. Los indignaba la educación clasista y mercantilizada, los precios del transporte, las tasas de ingreso universitario, la falta de perspectivas y su porvenir de exclusión social. El desempleo o subempleo, la privatización, la tercerización, el deslocamiento, diversificó también los grados de explotación del trabajo industrial tanto material como “inmaterial”. El aumento del trabajo femenino implicó en el mercado globalizado otra variedad de niveles de extracción de plusvalía. La feminización del trabajo se expresó en peores condiciones laborales.

Campesinos sin tierra y pueblos indígenas en lucha por su soberanía tuvieron un rol predominante. Jubilados y pensionistas fueron atacados por las contra-reformas neoliberales o las estafas de las privatizaciones de los fondos de pensión. Indocumentados, sometidos a trabajo esclavo, trabajadores infantiles, catadores de materiales reciclable y diversidad de precarizados (como la mayoría de lo denominado autoempleo o “por cuenta propia”) completan este sujeto de la rebeldía social latinoamericana. Cooperativistas, pequeños agricultores, pequeños comerciantes y ahorristas estafados participaron junto a asalariados y jóvenes en los levantamientos populares.

Las grandes revueltas populares en nuestro continente ni tuvieron como protagonista principal a los trabajadores fabriles, ni estos hegemonizaron con sus centrales y sindicatos a los nuevos movimientos sociales. Los “piqueteros”, los pobladores de Buenos Aires o los vecinos de Gualeguaychú y otras ciudades rebeldes en Argentina, los cocaleros del Chapare y los Yungas o los pobladores de El Alto y de Cochabamba en Bolivia, las poblaciones de los suburbios miserables de Caracas artífices del “Caracazo” (1989) y de la derrota del golpe imperialista en el 2002, los pueblos indígenas en Chile, Bolivia, Ecuador y México, los “sin tierra” en Brasil o los jóvenes estudiantes secundarios de Chile, no se levantaron liderados por las centrales sindicales ni por el proletariado fabril urbano aunque en algunos casos participaron juntos de las revueltas. Los nuevos movimientos sociales, agrarios, de desocupados, indígenas, de género, ambientalistas, de derechos humanos, juveniles o de pobladores de los suburbios pobres, han protagonizado grandes levantamientos populares en todo el continente sin reconocer la lideranza del proletariado industrial y sus organizaciones sindicales. Lo mismo acontece respecto a los partidos de la izquierda tradicional o institucional.

Los nuevos protagonistas sociales no se sienten representados ni por las organizaciones sindicales ni por ningún partido político. Las organizaciones indígenas, los campesinos y “los sin tierra” no aceptan más un lugar subordinado dentro de las centrales sindicales, ni se consideran contempladas por la izquierda urbana de clase media. A muchas organizaciones ambientalistas o de género (en sentido amplio) les pasa lo mismo. Más aún, en muchos casos deben enfrentarse a los sindicatos o centrales para llevar adelante sus reclamos. Trabajadores informales, desocupados o sin techo, no están representados -la mayoría de las veces- en las centrales sindicales o no se les facilita la organización en ellas.

Todo esto indica que la clase-que-vive-del-trabajo /3 de comienzos del nuevo milenio tiene características diferentes que la clase trabajadora de mediados del siglo pasado. Y esto no sólo se debe a las modificaciones en el mercado de trabajo implantadas por la acumulación flexible sino también porque nuevos movimientos sociales que nuclean a partes de esa clase-que-vive-del-trabajo han irrumpido en la escena y su relacionamiento con el movimiento obrero industrial ya no es de subordinación a su antigua lideranza.

Creemos detectar dos factores que influyen en este nuevo comportamiento: por un lado la comprobación de los fracasos sistemáticos de las instituciones sindicales de carácter defensivo en esta nueva etapa de crisis estructural del sistema. Esa ausencia de las centrales en los derrumbes institucionales tiene un significado profundo y es una constante en las rebeliones populares del continente sudamericano en esos años. Acaso debamos buscar la explicación de estos comportamientos en el signo defensivo de estas instituciones y el carácter de la nueva etapa histórica que está abierta a una ofensiva por imponer un sistema alternativo al capitalista.

Por otro, la tendencia de esos nuevos movimientos a encarar la lucha social junto a la política, sin la mediación de los partidos burgueses o de los desactualizados partidos de la izquierda tradicional. En algunos casos porque dichos partidos subordinados a la institucionalidad burguesa acompañan o dirigen la aplicación de la política neoliberal, abandonando las necesidades de los movimientos sociales. En otros, rechazando la vieja práctica de la izquierda de instrumentalizar los movimientos sociales.

La inviabilidad de la división “brazo político” / “brazo sindical”

En un primer momento pudo pensarse que las crisis de las centrales obreras que venían del siglo anterior tenían que ver con la “acumulación flexible”. Es decir con la aplicación del “neoliberalismo” y la producción en masa de trabajadores superfluos e informales a partir de los 70. Pero hay razones más profundas. Nos referimos a la aceptación, desde hace más de un siglo de un paradigma que la historia de los fracasos del siglo XX ha demostrado inviable. Se trata de la división entre “brazo político” y “brazo sindical” que inició la socialdemocracia a fines del siglo XIX y que se mantuvo en los partidos obreros reformistas, sean socialdemócratas, comunistas, del trabajo, etc.

István Mészáros al publicar Beyond Capital, Towards a Theory of Transition, (Merlin Press, Londres, 1995) llamó la atención sobre la inviabilidad de esta división en una nueva etapa histórica del capital, donde éste estaba imposibilitado por su crisis estructural, de otorgar beneficios sociales a los trabajadores. Por el contrario, la acumulación de capital exigía una política agresiva de desmantelar todas las concesiones otorgadas al trabajo en la anterior época de auge del desarrollo capitalista.

“El precio pagado (por esa división sindicato-partido) fue el fatal debilitamiento estructural de la potencialidad de lucha del trabajo, causado por la aceptación de las amarras parlamentarias como la única forma legítima de contestar la dominación del capital. En términos prácticos, significó la división catastrófica del movimiento en los denominados “brazo político” y “brazo sindical” del trabajo con la ilusión de que el “brazo político” podría representar, codificando legislativamente, los intereses de la clase trabajadora organizada en las empresas industriales capitalistas por los sindicatos de cada rama del “brazo sindical”. Pero, con el pasar del tiempo, todo aconteció exactamente al contrario. El “brazo político”, a la inversa de hacer valer su mandato político en estrecha colaboración con el “brazo sindical”, utilizó las reglas de juego parlamentarias con la finalidad de subordinar los sindicatos a su favor y a las determinaciones políticas finales del capital, impuestas a través del Parlamento.” /4

“Así, en vez de reforzar políticamente la capacidad de lucha del “brazo sindical” en sus disputas con las empresas, el “brazo político” –en nombre de su propia exclusividad política- confinó los sindicatos a las disputas estrictamente económicas del trabajo. De esa manera, lo que se suponía ser el “brazo político del trabajo” terminó por desempeñar un papel crucial en la activa imposición al trabajo –por la fuerza de la legislación parlamentaria de representación- del interés vital del capital: desterrar la acción sindical políticamente motivada como categóricamente inadmisible en una sociedad democrática” /5

Las organizaciones revolucionarias no cuestionaron este paradigma. Criticaban el reformismo sindical y el cretinismo parlamentario sin comprender que esa división era parte de un triángulo funcional al capital.

Esa división educó a los trabajadores organizados en los sindicatos a no ir más allá de las reivindicaciones que no ponían en cuestión la dominación del capital y circunscribió la actividad de los partidos obreros reformistas en el parlamento a una aceptación explícita o implícita del comando del capital.

“Los dos pilares de la acción de clase de los trabajadores en occidente –partidos y sindicatos- están en realidad inseparablemente unidos a un tercer miembro del conjunto institucional global: el Parlamento, que forma el círculo de sociedad civil / Estado político y se torna aquel “círculo mágico” paralizante del cual parece no haber salida. Tratar los sindicatos junto con otras (mucho menos importantes) organizaciones sectoriales, como si perteneciesen, de alguna manera, apenas a la “sociedad civil” y que, por tanto, podrían ser usados contra el Estado político para una profunda transformación socialista, es un sueño romántico e irreal. Esto es así porque el círculo institucional del capital, en realidad, es hecho de totalizaciones recíprocas de la sociedad civil y del Estado político, que se interpenetran profundamente y se apoyan poderosamente uno en otro.” /6

La crisis de las centrales sindicales y el fracaso de los partidos obreros con influencia de masas en las últimas décadas, es el hundimiento de esa división. Es el resultado de persistir en el sostén de ese anacronismo histórico inviable. Los nuevos movimientos sociales que rechazan ceder su representación política a los partidos de izquierda, expresan la negación a más de un siglo de fracaso de la división entre “brazo sindical” y “brazo político” que culmina en el Parlamento aceptando la jefatura del capital. Y esto es así porque:

“El capital es la fuerza extraparlamentaria par excellence que no puede ser políticamente limitada en su poder de control socio-metabólico. Esa es la razón por la cual la única forma de representación política compatible con el modo de funcionamiento del capital es aquella que efectivamente niega la posibilidad de contestar su poder material, y, justamente porque es la fuerza extraparlamentaria par excellence, el capital nada tiene que temer de las reformas decretadas en el interior de la estructura política parlamentaria” /7.

El Parlamento, ese teatro de sombras chinas

Daniel Bensaid en “Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren” nos dice que hoy estamos “frente a una doble responsabilidad: la transmisión de una tradición amenazada por el conformismo y la exploración de los contornos inciertos del futuro”/8. De todos los temas que enumera Bensaid, nos centraremos en las relaciones partidos-sindicatos-parlamentarismo porque es allí que encara al sujeto social y su relación con la política.

Para Bensaid: “La lucha política no se disuelve en la lógica del movimiento social. Entre la lucha social y la lucha política, no hay ni muralla China ni compartimentos estancos. La política surge y se inventa dentro de lo social, en las resistencias a la opresión, en el enunciado de nuevos derechos que transforman a las víctimas en sujetos activos”/9.

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿cuál es esa “lógica del movimiento social” que nos impone la división entre “brazo sindical” y “brazo político” del movimiento del trabajo? Cuando Hegel definió a la libertad como conciencia de necesidad nos estaba diciendo lo mismo que afirma Bensaid: que la “política surge y se inventa dentro de lo social” pues es en la experiencia de la opresión, en las luchas contra la explotación que se formula la “conciencia de necesidad”, se enuncian nuevas libertades y los sujetos se ponen en movimiento para conquistarlas. Sigamos el razonamiento de Bensaid: “Sin embargo, la existencia de un Estado como institución separada, a la vez encarnación ilusoria del interés general y garante de un espacio público irreductible al apetito privado, estructura un campo político específico, una relación de fuerzas particular, un lenguaje propio del conflicto, donde los antagonismos sociales se manifiestan en un juego de desplazamientos y de condensaciones, de oposiciones y de alianzas. En consecuencia, la lucha de clases se expresa allí de manera mediada bajo la forma de la lucha política entre partidos”/10.

Es esa “manera mediada bajo la forma de lucha política entre partidos” la que está en cuestionamiento hoy. ¿Debemos aceptar el escenario “ilusorio” del Estado, que por otra parte ha dejado de ser “espacio público irreductible al apetito privado”, como el único campo político posible? ¿Debemos aceptar las reglas del juego de la democracia burguesa como la escena privilegiada del accionar político del trabajo? La acumulación de frustraciones del siglo XX demuestra que el parlamento es el más inocuo escenario para batallar contra el capital.

Así como en Sudamérica, en la Europa actual las variantes de trascender el espacio específico de lo social, de no aceptar el carácter de espacios estancos de lo social y lo político comienza a hacerse frecuente. ¿Por qué mantener como sacrosanto el ámbito político, ese teatro de sombras chinas de los antagonismos sociales? ¿A quién favorece sino al capital, ese inviolable acuerdo tácito? Cuando los partidos socialdemócratas o comunistas pusieron lo social al servicio de la política, en realidad engrillaron los sindicatos a los intereses del capital a través del parlamento. Cuando lo hicieron los partidos de “intención revolucionaria”, mayoritariamente subordinaron lo social a sus ilusorios proyectos de autoconstrucción. Tampoco se trata de poner la política al servicio de lo social cayendo en el corporativismo sino de fundir ambas para que las “articulaciones y conjugaciones” de “las aspiraciones y expectativas populares” las hagan los mismos protagonistas sociales sin ceder su representación política. Estamos hablando de un sujeto social-político que toma conciencia de sus necesidades y las articula en el plano social y las conjuga en el plano político. De lo que hablamos es que “adquiere relevancia y urgencia la necesidad de contraponer a la fuerza destructiva extraparlamentaria del capital la correcta acción extra parlamentaria de un movimiento socialista radicalmente re-articulado” /11.

Ese intento de volver a unir el movimiento de los trabajadores en un solo brazo extra parlamentario “de un movimiento socialista radicalmente re-articulado”,/12 no se corporiza en los sindicatos clásicos continentales sino en esos nuevos movimientos sociales. Y esa dinámica de volver a reunir lo que nunca debió ser separado es un precioso componente embrionario del nuevo sujeto social que ahora pretende conformarse como un sujeto social-político.

Particularidades del nuevo sujeto social-político

En el análisis sudamericano resaltamos la irrupción de los indígenas luchando por la tierra, sus libertades, su cultura, la soberanía de sus pueblos y la defensa de los recursos naturales de sus países. Con distintos niveles de organización y movilización los pueblos originarios ocuparon el escenario en Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia, Venezuela, Brasil, México. Casi exterminados luego de la conquista y aplastadas sus insurrecciones en el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX, fueron siempre el sector más explotado y oprimido de sus países y fueron usados como masa de maniobra de los partidos burgueses, de los militares, de la iglesia. En el siglo pasado se los “aceptó” como “campesinos” en algunas centrales sindicales del continente. Pero en la última década del siglo anterior comenzaron a recuperar su identidad étnica y hoy son una fuerza imprescindible de la transformación social americana.

También destacamos un sector que tuvo una enorme expansión en las últimas décadas. Las nuevas metrópolis del continente expulsan hacia su periferia una diversidad de pobladores empobrecidos, hombres, mujeres, jóvenes y niños que cada día pelean por su sobrevivencia hacinados en viviendas precarias y barrios sin servicios esenciales. Desde los barrios o en nuevos movimientos multitudinarios los “sin tierra”, indígenas despojados de sus tierra, “sin techo”, piqueteros, desocupados, catadores de basura, vendedores ambulantes, trabajadores informales, precarizados, han tenido una presencia destacada en las rebeliones sudamericanas.

En los últimos años estos excluidos, expulsados por el mercado, considerados superfluos por el sistema, sin derechos ni beneficios sociales, se organizaron en sus barrios en juntas vecinales o en comités por reclamos específicos y han derrotado un golpe militar pro imperialista (Venezuela), expulsado presidentes (Bolivia, Ecuador, Argentina) recuperado recursos naturales saqueados por las transnacionales (Bolivia, Ecuador), expropiando tierras (Brasil) y defendido la soberanía nacional. Es decir han cumplido un rol esencial en las luchas latinoamericanas.

Los jóvenes, estudiantes o trabajadores, fueron otro de los sectores principales de las revueltas continentales. Participaron de las expulsiones presidenciales en Paraguay, Argentina, Ecuador, Bolivia. Dieron enormes batallas por el pase libre en el transporte (Chile, Brasil). Movilizándose contra la educación clasista y anacrónica del gobierno social-liberal chileno de la Concertación volvieron a legitimar la movilización de masas en un país donde se había impuesto la criminalización de cualquier acción social. Tanto en Uruguay como Argentina o Chile los jóvenes fueron el sector protagónico de la lucha contra las dictaduras, de los “escraches” y en varios países, integrantes destacados de la defensa de los derechos humanos y de las luchas ambientales. Los sectores juveniles más dinámicos se movieron por fuera de las organizaciones estudiantiles tradicionales mayoritariamente burocratizadas e institucionalizadas.

Los operarios de la industria, los empleados o servidores públicos, los bancarios, los trabajadores de los servicios públicos privatizados, fueron protagonistas de las revueltas populares de los últimos años, recuperaron fábricas, cumplieron un papel central en la derrota del ALCA, pero en la mayor parte de los casos ni sus sindicatos ni las viejas centrales que los reunían fueron un sector hegemónico en las rebeliones continentales. En la mayoría de los derrocamientos presidenciales las centrales y sindicatos o no participaron o tuvieron un rol secundario. Este es un atributo nuevo del sujeto social actual.

El nuevo sujeto social es una clase más heterogénea, diversificada, fragmentada, más complejizada que antes. Esto implica divisiones y contradicciones objetivas que se expresan en diferencias, divergencias y conflictos de intereses, determinados por la mayor división social del trabajo y por las más variadas tasas diferenciales de explotación. La mayoría de los nuevos movimientos no aceptan ni la hegemonía ni la dirección de las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora. Defienden su soberanía e independencia y son críticos de las tradiciones reformistas de sindicatos y centrales sindicales.

Los nuevos movimientos sociales tienden a combinar, las consignas reivindicativas, junto a las democráticas, antiimperialistas y de transformación de la sociedad. No separan absolutamente la acción social de la acción política como las organizaciones sindicales del siglo pasado y –por lo general- no aceptan subordinarse políticamente, ser “representados” o instrumentalizados por los partidos burgueses o de la “izquierda” institucional. Existe, entonces, una tendencia a conformarse como sujeto social-político.

Estos aspectos nuevos del sujeto social-político latinoamericano nos indicaron que hay que ser plenamente conscientes de la diversidad de sus componentes y sus movimientos y no pretender forzar la homogenización de sus integrantes. Puede haber diferencias o enfrentamientos entre distintos sectores y dificultarse mucho la unidad de un accionar común. Las pretensiones de hegemonizar a los distintos movimientos sólo pueden promover la dispersión. Las instancias democráticas directas son la única garantía de encontrar los objetivos comunes. Las formas organizativas unitarias deben ser lo más amplias, flexibles y dinámicas posibles. Es decir, permitir la mayor multiplicidad social de intereses de la clase-que-vive-del-trabajo y sus posibles aliados. La aceptación de la diversidad y de la multiplicidad de dinámicas de los movimientos deben ser contempladas. Los debates deben encararse de la manera más fraternal y en frente único, para que aúnen esfuerzos y no los disgreguen. El sectarismo frente a las diferencias y a los diversos caminos de evolución de los movimientos es el peor peligro.

La unificación de la actividad social y política del movimiento popular -tarea que comenzó a encarar el sujeto social-político en América Latina, es decir, la recuperación de los poderes alienados de decisión política por los individuos, es un requisito imprescindible para la actividad de alcanzar una alternativa al capital que actúe en función de las necesidades populares.

No creamos que luego de 2005 se continuó avanzando en Sudamérica con la misma dinámica que en los primeros cinco años del milenio. El país donde los cambios fueron más profundos fue Bolivia. Allí se desarrolló el enfrentamiento más extenso y brutal durante dos años: cortes de carreteras, invasión de haciendas y/o bloqueo de ciudades, asedio a los parlamentos oligárquicos, derrocamiento de dos presidentes lacayos del imperio, huelgas y piquetes, choques violentos entre la población y el aparato represivo. Esta decisiva pelea terminó imponiendo por primera vez en 500 años un presidente aymara –Evo Morales- en un país de población mayoritariamente indígena. Una gran conquista democrática que se extendió en luchas por el reparto o recuperación de tierras, en defensa de la soberanía sobre los recursos naturales y contra el imperialismo hegemónico. Fue allí también, que quien apoyaba la candidatura del presidente indígena –el MAS- era un frente único de organizaciones campesinas y no un partido, que se constituyó como movimiento social-político /13. El proceso continúa con debilidades y contradicciones, pero como en Venezuela y Ecuador con una gran batalla anti-imperialista. En Venezuela ha primado el caudillismo clásico latinoamericano con sus flaquezas. Y en el caso de Bolivia el proceso se facilitó por el apoyo de una población indígena con pautas muy firmes de una organización social y económica contrapuesta a la economía de mercado.

Procesos constituyentes

Es en Bolivia, Venezuela y Ecuador que las rebeliones desembocaron en una Asamblea Constituyente. Éstas, con sus decisiones; impulsaron en esos países el proceso de cambio. Y en los tres hubo intentonas de golpe imperialista. La experiencia de la Constituyente de 1988 en Brasil, que sancionó una Carta que se mantiene como la más avanzada en derechos y libertades democráticas del continente, había alertado a EEUU sobre el peligro de ese organismo democrático y desde aquel momento la consigna de Asamblea Constituyente se transformó en el amenazante leviatán incontrolable que a toda costa se debería evitar. El intento de convocar una Constituyente en Honduras decidió a EEUU que era necesario un golpe en 2009.

En tres países de Sudamérica la población no llegó a asediar la institucionalidad al límite de expulsar presidentes: Colombia, Chile y Uruguay. En este último país hubo un “proyecto” de movimiento social-político muy activo durante la lucha contra el gobierno militar: el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) y la Asociación Social y Cultural de Estudiantes de la Enseñanza Pública (ASCEEP) que sustituyeron a los aparatos burocratizados de la central sindical (CNT) y de la federación de estudiantes universitarios (FEUU). La liberación de los presos y el retorno del exilio restituyeron los viejos “carcamanes” en la dirección del movimiento social y anularon la posibilidad de desarrollo de un movimiento social-político independiente. Sobre todo restituyeron el círculo mágico sindicatos-partidos-parlamento que subordinó al movimiento social a una transición “democrática” envenenada de neoliberalismo. Luego el rol cumplido por el Frente Amplio (FA) durante la crisis institucional en el gobierno de Jorge Batlle (2002) defendiéndolo e impidiendo su derrocamiento, significó una enorme derrota para las aspiraciones de transformación social en el país. Son los tres países junto a Perú en que, en mayor medida, la ofensiva neoliberal ha lesionado la soberanía nacional y los derechos de la población.

Colombia, con el presidente Uribe, que entregó siete bases militares a EEUU, se transformó en una plataforma de intervención del Pentágono en el continente. Chile que es el buque escuela del neoliberalismo en América, salió de la dictadura de Pinochet bajo la conducción de la Concertación Democrática (socialistas y democristianos) amparando las recetas económicas de Friedman-Pinochet y evitando la condena de torturadores y asesinos de la dictadura. Tiene el triste honor de ser el país con mayor desigualdad de Latinoamérica. En Uruguay la población resistió los sucesivos Planes de Ajuste Estructural (PAEs) de gobiernos lacayos de EEUU (entre 1985-2005) con campañas plebiscitarias que impidieron la mayor parte de las privatizaciones de las empresas del estado e incluso impuso una alteración constitucional –primera en el mundo- que impide la privatización del agua. El triunfo electoral del FA (2004) significó el definitivo ingreso de la variopinta izquierda frenteamplista en la institucionalidad burguesa. Y el retroceso no sólo significa mayor dependencia económica: la mayoría del FA ha impedido el juicio y castigo a los represores de la dictadura, encerrando a un puñado de verdugos en una cárcel-hotel y promoviendo la “reconciliación” con unas fuerzas armadas plagada de torturadores y asesinos.

Los grandes partidos de izquierda o de los trabajadores y los más importantes movimientos guerrilleros de Latinoamérica del siglo XX o se volcaron directamente a ejercer el triste oficio de administradores del capitalismo dependiente o se micro-fraccionaron en grupos o grupúsculos testimoniales.

En Argentina un gobierno burgués populista cumplió un rol similar de restaurador de la gobernabilidad amparado principalmente en una política de derechos humanos radical. Allí el juicio a los asesinos y torturadores del gobierno militar ha tenido la amplitud y profundidad que exigían las víctimas, sus familiares y las organizaciones de derechos humanos. Los gobiernos de Alfonsín, Menem y de la Rua intentaron impedir este derecho democrático. El genocidio de treinta mil desaparecidos reclamaba un Juicio y Castigo ejemplarizante y los luchadores democráticos acabaron imponiéndolo. Como contrapartida el movimiento peronista logró cooptar y/o aquietar al movimiento social-político de los piqueteros que reunía y movilizaba a multitudes de trabajadores desocupados. La “izquierda radical” mientras tanto, continuó con sus proyectos de autoconstrucción, sin ningún resultado. En la actualidad existe una enorme ebullición de movimientos de derechos humanos, de ambientalistas, de género, etc. en todo el país y una fuerte lucha de los indígenas y campesinos contra la expropiación de sus tierras y los mega-proyectos de las mineradoras y empresas forestales.

Por la importancia geopolítica y económica de Brasil, el gobierno Lula (PT) (2002-2010) cumplió y el de Dilma Rousseff (2011-) continúa cumpliendo el rol central en el restablecimiento de la gobernabilidad burguesa. Fue también el principal responsable en detener el amplio y duro choque frontal al neoliberalismo que tensó las fuerzas populares sudamericanas en los años anteriores. Todo el prestigio y autoridad acumulada por Lula y el PT en las luchas contra la dictadura y en las movilizaciones por demandas salariales, fue dirigido hacia una re-estabilización del capitalismo en crisis no sólo en Brasil sino en todo el continente. La enorme desigualdad social de Brasil (sigue siendo uno de los tres países con mayor desigualdad social de A.L.) fue encarada con la aplicación de las políticas compensatorias hacia los sectores más pobres dictadas por el Banco Mundial para sortear el descontento y las protestas, mientras se continúa con una orientación neoliberal y “cierta” independencia de EEUU, en un proyecto de transformar al país en la China latinoamericana /14. Lula en su segundo gobierno logró disminuir la toma de tierras por el MST –el gran movimiento social-político brasileño- y detener la demarcación de territorios indígenas que había tenido un importante avance en los años anteriores. En Brasil, la reforma agraria, es el punto ineludible de partida de una profunda transformación social-política en el país.

Como contrapartida a los gobiernos liberal-sociales administradores del capitalismo y aficionados a someterse al imperialismo, las radicalizaciones sociales y políticas en Bolivia, Venezuela y Ecuador impusieron medidas contra el dominio político oligárquico y la expoliación imperialista, impulsando transformaciones y avances de itinerario aún impreciso y provocando cierto contagio antiimperialista en Centro América. En los tres países hubo procesos constituyentes y poderosos movimientos social-políticos impulsando las transformaciones sociales y políticas.

Europa en ebullición

Los ejemplos que damos sobre la lucha latinoamericana contra el neoliberalismo y sus planes de ajuste no significa que creamos que el único camino posible de los europeos sea el de expulsar presidentes o primeros ministros con revueltas populares. Lo que remarcamos es la estrecha relación que existió en todos los países de Sudamérica entre las conquistas logradas y el rigor y la extensión de las luchas.

Para los europeos, el ejemplo de la población de Islandia, en el primer plebiscito realizado luego de independizarse de Dinamarca en 1944, es muy educativo. Contra la opinión de un gobierno de coalición conservadora-socialdemócrata más del 90% de la población se negó a transformar el colapso de un banco de Internet en el país, en deuda pública.

Quizá la experiencia de Islandia no será fácil de repetir. Después del fracaso de la UE al perder los plebiscitos de Francia y Holanda que los obligó a abandonar el proceso de aprobación de la constitución europea, sus gobiernos, van a impedir de todas formas cualquier consulta a la población. La derrota neoliberal en los referendos en Italia este mismo mes reafirma a los gobernantes de Europa que la consulta popular es una amenaza de fracaso.

En Francia la oleada de huelgas de 2010 consiguió ser controlada por las centrales sindicales y terminó cumpliendo el papel de elemento de presión de la burocracia sindical para la negociación con Sarkozy. Tanto el Quebra-Quebra de São Paulo de 1982 como el Caracazo de 1989 no deben ser despreciados por su carácter espontaneísta. Fueron anuncios de la rabia y el empuje de coraje que primaba en sectores populares. También fueron ensayos de futuras acciones victoriosas como la imposición luego de las “Directas Ya” en Brasil y las movilizaciones que expulsaron a Collor o la destitución de Carlos Andrés Pérez (1993) y la derrota del golpe contra Chávez en 2002. Sospecho que la explosión de furia juvenil en las banlieues de Francia en 2005, que se repitió en menor escala en agosto 2010 y que tiene profundas raíces de indignación por falta de perspectivas educacionales y de ascenso social, así como rechazo a la prepotencia y crímenes policiales y al racismo estatal, debe ser sopesada en todas sus implicaciones. Quizá la explosión en las banlieues sea la primera manifestación de otros tantos estallidos con mayor madurez, de justificada cólera popular.

España ya está en medio de un proceso constituyente. Los “Indignados” el M-15, las asambleas en los barrios, luego el J-19 han sido etapas de debate democrático de una nueva carta que transforme la institucionalidad política y la orientación económico-social en el país. El problema es como imponer ese proceso como algo ineludible e insoslayable. La corrupta clase política deberá enfrentarse a un movimiento social-político nacional que abarque a la mayoría de la población y demuestre su férrea decisión de iniciar una reestructuración profunda de la sociedad hacia un sistema alternativo al capitalismo. En ese proceso es imprescindible el frente único con los sindicatos y centrales movilizadas. Pero es primordial que el movimiento social-político extra-parlamentario de los “Indignados” mantenga su independencia y evite de todas formas ser absorbido por el triángulo nefasto sindicatos-partidos-parlamentos.

Un medio español /15 alertó que el llamamiento a una Huelga General por la movilización del 19-J sería considerada ilegal por el gobierno porque una huelga es ilegal “cuando se inicie o sostenga por motivos políticos o con cualquier otra finalidad ajena al interés de los trabajadores afectados”. Y solo podrían ser convocadas por las centrales sindicales. Una prueba más de la ansiedad de la institucionalidad por defender que las motivaciones políticas sean ajenas a los trabajadores organizados y por preservar el círculo mágico sin salida sindicatos-partidos-parlamento.

El movimiento de la Plaza Syntagma en Grecia tiene similares características al M-15 pero la movilización de los sindicatos ha cumplido un rol mayor que en España. Las huelgas de funcionarios públicos y trabajadores en general no han cejado. Un síntoma de la posibilidad de frente único entre sindicatos y movimientos social-políticos.

Los pueblos de Europa tienen la vista puesta en los procesos abiertos en España y Grecia. Y el desarrollo de la resistencia en el continente a los planes de ajuste del FMI-UE-BCE dependerá de cómo sea el desenlace de los enfrentamientos actuales en ambos países. De cualquier forma en toda Europa es muy difícil la ruptura de la población trabajadora con la dupla sindicatos-partidos socialdemócratas. Son más de 100 años de continuidad de esa armadilla que la hace considerar inamovible.

Para las rebeliones en el Magreb y otros pueblos árabes movilizados, el imperialismo va a intentar la misma política aplicada en Latinoamérica durante las salidas de las dictaduras militares en las décadas del ‘80 y ‘90 del siglo pasado: transiciones democráticas al modelo español /16, con amnistías a los represores, planes de endeudamiento (FMI-BM), intoxicación neoliberal en los planes económicos, corrupción de las élites y continuidad de la expoliación imperial. El rechazo de Egipto a la oferta de préstamos del FMI hace pocos días, indica las dificultades de la estrategia imperial.

Para el sistema capitalista hoy, destrucción, especulación, guerra y lucro son directamente dependientes y complementarios. Es inútil procurar en el capitalismo las fuerzas que contrarresten su enfermiza dinámica destructiva en medio de una crisis estructural crónica del sistema. Es una época en que el sistema se caracteriza por el despilfarro irresponsable de todo tipo de recursos sin medir las consecuencias presentes y futuras sobre el medio ambiente, la sobrevivencia del planeta y de la humanidad. Y usando esos recursos para multiplicar la producción de armamentos, y todo tipo de mercancías destructivas, inservibles o superfluas con total desprecio de las reales necesidades humanas. A la vez que el uso cada vez más agudo de capital en el proceso de producción destructiva genera desempleo estructural creciente. El resultado es la producción en masa de “individuos innecesarios o sobrantes”: desocupados, marginados, habitantes de arrabales y tugurios sin servicios, o directamente indigentes sin recursos y sin techo. Es decir el peor tipo de desperdicio, el desperdicio de personas.

Por eso cualquier esperanza en un nuevo mapa de ruta de los gobiernos actuales europeos –sean socialdemócratas o conservadores- que los aparte del saqueo financiero, de la dinámica guerrerista de la OTAN, de la corrupción en las altas esferas, de la destrucción ambiental o del empobrecimiento de la población y separe a Europa del ultimátum armamentista y de la fiesta irresponsable de Wall Street y sus banqueros subordinados europeos, es un espejismo.

Europa no tiene la magnitud de los suburbios miserables de Latinoamérica pero ya cuenta con ochenta millones de europeos que viven hoy bajo el umbral de la pobreza /17. Con la generalización de los PAEs, Grecia, Portugal, España, Gran Bretaña, Irlanda, Estonia, Hungría, Polonia, Letonia, etc. sumarán varias decenas de millones más. El estado benefactor pos II Guerra Mundial no regresa. En esta nueva época histórica la alternativa sólo puede estar en una nueva sociedad, en otro mundo con otros valores. Un mundo que gire alrededor de las necesidades humanas y garantice nuestro deseo de heredarlo con seguridad a nuestros descendientes.

29 de junio 2011

Isla de Santa Catarina

Brasil

 

Notas

1/ J.L.Berterretche, Once fugas y un retorno, Tesis sobre la inestabilidad institucional en Sudamérica, Isla de Santa Catarina, junio 2005. Editado en su primera versión por Correspondencia de Prensa. Ensayo histórico sobre el padrón de comportamiento en el derrocamiento de presidentes en Sudamérica (1992-2005) y tesis sobre la inestabilidad institucional. Se tomó como punto de partida del ensayo, la caracterización continental expuesta en América Latina: Crisis Continental y Construcción de Alternativas Radicales de Ernesto Herrera y Charles Udry, 2004.

2/ En 2005 con la colaboración de Tali Feld Gleiser y Raúl Fitipaldi presentamos en la 3ra. Jornadas Bolivarianas del Instituto de Estudios Latino Americanos (IELA) de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) un ensayo titulado Nuevo Sujeto Social-Político que intentaba encontrar un conjunto de aspectos comunes de los movimientos protagonistas de la rebeliones sudamericanas en el período 1992-2005. Este será el primer texto editado por la Biblioteca Virtual de Desacato.info. Si tiene interés en recibirlo, solicítelo a [email protected]

3/ Tomamos la caracterización de la clase-que-vive-del-trabajo de Ricardo Antunes en Os Sentidos do Trábalho (BOITEMPO Editorial, Sao Paulo, 1999). Una caracterización más amplia que el estricto proletariado industrial y que abarca a los asalariados en general, los precarizados y el creciente contingente de desocupados y personas consideradas superfluas en esta nueva época del capitalismo.

4/ Mészáros, István, Para Além do Capital, Editorial Boitempo, Sao Paulo, 2002. p. 833-834

5/ Ibid. p. 834

6/ Ibíd. p. 793

7/ Ibíd. p. 856.

8/ Daniel Bensaid “Teoremas de la resistencia a los tiempos que corren” 2004, tomado del sitio web de Viento Sur: www.vientosur.info

9/ Ibíd.

10/ Ibíd.

11/ Mészáros, István, Para Além do Capital, p. 843

12/ Ibíd. p. 843

13/ “El primer componente central del “evismo” es una estrategia de lucha por El poder fundada en los movimientos sociales. Esto marca una ruptura con las estrategias previas que ha conocido nuestra historia política y buena parte de la historia política continental y mundial. Anteriormente, las estrategias de los sectores subalternos estaban construidas a la manera de una vanguardia política cohesionada que lograba aglutinar en su base social a estos movimientos.” … “En otros se trató de una vanguardia política democrática-legal o armada que lograba arrastrar o empalmarse con movimientos sociales que la catapultaban…” … ”El “evismo” modificó ese debate, al plantearse la posibilidad de que el acceso al poder sea obra de los propios movimientos sociales.” Álvaro García Linera, (vicepresidente boliviano) Los fundamentos del “evismo”, Revista DEF n 9, p 32 Argentina, mayo del 2006.

14/JLBerterretche, Brasil, La China latinoamericana, Desacato.info, Correspondencia de Prensa, Rebelión y otros. 20 08 2010.

15/ Se trata de El Confidencial Digital que además remarcó que “El secretario de Comunicación de CCOO, Fernando Lezcano, aseguró que El sindicato no tiene previsto convocar un paro general y se remitió al acto de delegados sindicales que están preparando para El mes de septiembre. Desde UGT, El secretario de Acción Sindical, Toni Ferrer, recordó que ya ha habido una huelga general, que desembocó en El Acuerdo Económico y Social, y afirmó que su organización está centrada en recuperar el diálogo social.” Es decir, por ahora, ni CCOO ni UGT tienen interes en movilizarse junto a los “Indignados”.

16/ Felipe González ya viajó a Túnez a promover su nefasto “modelo de transición democrática”.

17/ Declaración del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso en Bruselas: “Es totalmente inaceptable que casi 80 millones de europeos vivan hoy bajo el umbral de la pobreza”. Esto significa el 16 % de la población total de los 27 países que forman la Unión Europea que supera 500 millones de personas.

Imagem tomada no: hugo-freitas.blogspot.com

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